La muerte de Ringo Bonavena, el lado oscuro del boxeo

Por Ezequiel Fernández Moores | www.lagaceta.com.ar

Se cumplen 41 años de su asesinato. ¿Por qué un mafioso pasó manejaba su contrato?

Una de las preguntas eternas sobre la muerte de Ringo Bonavena, de la que mañana se cumplirán 41 años, tiene que ver con Joe Conforte, autor intelectual del asesinato. ¿Por qué un mafioso pasó a manejar el contrato de Ringo? La mafia, mucho más allá de lo que nos muestra Hollywood, tuvo realmente un largo control sobre el boxeo. Controlar a boxeadores y a managers le permitía controlar también el mundo de las apuestas.

“Después de la guerra no había habido un solo campeón que de algún modo no estuviera tocado por la mafia”. Se lo cuenta el ex fiscal Jack Bonomi a Dave Remnick para su gran libro “Rey del mundo” (2001). Bonomi le dice a Remnick que la mafia controlaba también a casi todos los periodistas. Que, ya desde los años ’30, casi todos ellos pasaban por el Madison Square Garden de Nueva York para retirar su sobre con dinero. Y que tenían “otro sobrecito” en sus asientos los días de pelea. “Decidí no hacerlo público -cuenta Bonomi- porque necesitábamos a la prensa”.

El 22 de mayo de 1976 quedó marcado para siempre en la historia del boxeo argentino. Primero, porque ese día mataron a Ringo en Reno, Nevada, en las puertas del Mustang Ranch. Era el prostíbulo más grande del mundo. Joe Conforte lo controlaba con su esposa Sally. Los Conforte fueron el primer matrimonio mafioso célebre en Estados Unidos, retratado en “Love Ranch”, una película discreta, pero con los formidables Joe Pesci y Helen Mirren en los roles principales.

Ringo, sabemos, acaso confundió al extender su reinado de Parque Patricios a Reno. Sedujo a la mujer del mafioso, que la doblaba en edad, en su propia casa. Y, peor aún, le encantó exhibirse como nuevo dueño de su negocio. Fue demasiado. El mafioso le avisó quemándole el pasaporte. No fue suficiente. Ringo tenía 33 años. Murió de un balazo en el corazón. Sin concretar su deseo de pelear una revancha que le hubiese dado un retiro más holgado contra Muhammad Alí. Dos días después de su muerte, el gran Alí vencía a Richard Dunn. Venía de ganarle a Joe Frazier en la tercera edición del duelo. La célebre pelea “Thrilla in Manila”. El mundo seguía a sus pies.

Pero, más que por Alí, el boxeo argentino recuerda también la fecha del 22 de mayo de 1976 porque ese mismo día, apenas después de conocido el homicidio de Ringo, Víctor Galíndez protagonizó una pelea mítica en Sudáfrica. Juan Carlos Lectoure, capo del Luna Park, decidió no contarle nada a Galíndez. Ringo era su ídolo. Galíndez tenía 27 años y era campeón mediopesado de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).

En el tercer round se abrió la ceja derecha tras un choque de cabezas. La pelea parecía concluir con el triunfo del estadounidense Richie Kates. Lectoure presionó para que siguiera. Galíndez se pasó el resto del combate secándose la sangre en la impecable camisa celeste del árbitro Stan Christodolou. Digo celeste por las fotos, porque todavía recuerdo haber visto la pelea en borrosa transmisión en blanco y negro. Galíndez guapeó con su ojo tapado por la sangre.

La última trompada, en el último segundo del último round, derribó a Kates por toda la cuenta. Fue espectacular. Lectoure le avisó en el vestuario que Ringo había muerto. No paró de llorar.

Seguimos en el mes de mayo. Pero de 1965. Alí da la revancha a Sonny Liston, a quien había destronado inesperadamente un año antes. Uno más entre 25 hermanos, Liston nunca supo dónde ni cuándo nació. No sabía leer ni escribir. Su padre lo golpeaba. A los 8 años comenzó a trabajar en la recolección de algodón y a los 16 sufrió el primero de sus numerosos arrestos. A la mafia le resultó fácil apoderarse de su contrato. Frankie Carbo se quedó con el 52 por ciento. El resto estaba en manos de los socios del mafioso (12% a cada uno a Frank “Blinkie” Palermo y John Vitale y el 24 para Joseph “Pep” Barone). Criado en el Bronx, miembro de la familia de los Lucchese, Carbo no fue el primer mafioso dentro del boxeo. Sí acaso el más poderoso gracias a sus vínculos con James Norris, presidente de la Internacional Boxing Comission (IBC) y hombre del Madison Square Garden. En la primera pelea de Miami, Los Hermanos Musulmanes, que manejaban la carrera de Alí, desconfiaban del entrenador Angelo Dundee, vinculado a Carbo. Querían que hasta el agua estuviera sellada. Liston abandonó de modo polémico.

En la revancha de Lewinston, mayo del ’65, Liston abandonó por un “Phantom Punch”, golpe fantasma, nombre de una película de 2008 que habla de la vida de Liston. Y que cuenta que el pugilista terminó siendo matado por la mafia en 1971 porque se negó a perder en sus peleas finales. Si el abandono de Miami fue polémico, peor aún fue lo que sucedió en Lewinston. Liston cayó al minuto de iniciada la revancha. “¡Tongo!”, gritó furiosa la multitud. Años más tarde nos enteramos que la pelea se celebró bajo enormes medidas de seguridad. Porque, por un lado, Alí ya era un militante negro y musulmán y recibía múltiples amenazas. Y, por otro, el FBI sabía también que la mafia controlaba a Liston. El escándalo fue gigante. “The New York Times” pidió la abolición del boxeo. No sucedió. Ni en mayo del ’65. Ni el 22 de mayo del ’76. El día que mataron a Ringo.

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