La nueva vida de Martínez: “Con la actuación, descubrí un mundo maravilloso del que no quiero salir”

Entrevista con el ex campeón mundial de boxeo, que es feliz en Madrid y asegura: “Me gusta mucho hacer de payaso para hacer reír a la gente”.

Por María Kexel | clarin.com

-¿Cómo te gustaría ser recordado? ¿Como boxeador o como actor?

-Mmm… ¡Qué dilema! Boxeador no voy a dejar de ser nunca, así que me gustaría que alguien dijese: “¡Mirá que buen actor que es! Pensar que en una época de su vida también fue campeón mundial”.

Sergio Maravillas. Algunos en Madrid creen que ese es su apellido. Y encima con “s” final. Sobre todo los que sólo lo conocen arriba del ring. Para el resto, para el que atiende en la terraza de algún café madrileño o para el vecino de Las Tablas, el pueblo donde tiene su cadena de gimnasios, es simplemente Sergio.

Maravilla Martínez es feliz, dice. La vida en el anonimato que tiene en la ciudad donde se aloja desde hace más de quince años le resulta fascinante. “Amo Madrid. Argentino no voy a dejar de ser nunca, pero mi casa está acá. No tengo horarios, no le tengo que dar explicaciones a nadie, voy al teatro dos o tres veces por semana, voy a cenar tranquilo, me reúno con mis amigos y hago lo que quiero. La vida acá es extraordinaria”, cuenta con una pasión real y auténtica, que se transmite con demasiada nitidez a pesar de los más de 10 mil kilómetros que separan Buenos Aires y la capital española, unidos esta vez por la conversación telefónica con Clarín.

-¿Pensás vivir en Argentina en algún momento?

-La verdad, no. Para nada. Pienso quedarme acá y viajar a mi país cada vez que quiera. La vida que tengo acá no la podría tener en Argentina. Es una vida maravillosa que me dio el boxeo.

-¿Cómo es un día típico en Madrid?

-Me levanto sin despertador. Después de una ducha me hago unos mates, voy al gimnasio y me entreno una horita. Almuerzo tranquilo, a veces algún café, a veces paso la tarde en algún bar charlando de la vida con amigos, después vuelvo a casa y me dedico a escribir. Escribo mucho. Me preparo para salir a comer o cocino algo. Es una vida muy tranquila y a veces se interrumpe por algún viaje a Nueva York, Inglaterra, Las Vegas o Argentina.

-¿En qué momento se te dio por la veta artística?

-Hace como cinco o seis años. Lo descubrí en España con el stand up. Me gusta mucho hacer de payaso para hacer reír a la gente. Pero como me gusta darle una vuelta más a todo, trato de incluirle poesía para lograr transmitir algo más aparte de humor y generar emociones en el otro. No fue como un proyecto post boxeo. No dije: “Bueno, cuando me retire voy a ser actor”. Simplemente se fue dando.

No es un hobby la actuación para Maravilla. En abril terminó de rodar “Pistoleros”, su primera aventura, acompañado por Juan Palomino (además director junto a Nicolás Galvagno), María Abadi y Diego Cremonesi. Tuvo que subir 15 kilos de peso y dejarse la barba. “Descubrí un mundo maravilloso del que no quiero salir”, admite.

El 7 de junio de 2014, Sergio perdió su título mundial mediano CMB ante el puertorriqueño Miguel Cotto. Un año después de ese nocaut técnico, anunció oficialmente que dejaba los guantes a un costado y para siempre, con un récord de 51 victorias (28 nocauts), 3 derrotas y 2 empates.

-¿Qué pasó aquella noche en el Madison Square Garden?

-Pasó lo que tenía que pasar. La perdí. Sentía una fractura en cada tibia. ¿Qué más quería yo? Encima pretendía ganar la pelea… Esa noche peleaba con mi sombra y me noqueaba. Ya no daba para más.

-O sea que no te arrepentís de haber subido al ring…

-¡Nooo! Para nada. Porque si no hubiese peleado y ponía la excusa de estar lesionado, habría vuelto a pelear tiempo después. Cotto me hizo el favor de retirarme. En ese momento me decía: “Loco, ya estás. ¿Qué más querés? Tenés 39 años, ganaste lo que ganaste, perdiste lo que perdiste, hiciste lo que tenías que hacer y lo que no pudiste no lo vas a hacer ahora”. Yo lo entendí así. Para mí fue el alivio más hermoso de mi carrera.

-¿Limaste asperezas con Pablo Sarmiento, tu ex entrenador?

-No, porque no hay nada que limar. Somos dos personas que no podemos estar juntas. Antes el vínculo era el boxeo. Ahora ya no hay nada y entonces no hay nada por lo que luchar. ¡Y vivo más tranquilo, eh! En parte es un ciclo que por suerte se terminó y fue como quitarme una venda de los ojos. Dejé de ver otras realidades y empecé a ver mi realidad. Pensé: “Madre mía, las cosas que hice yo por querer ser campeón del mundo. Las cosas que me banqué, las cosas que aguanté y, sobre todo, la gente que aguanté”. Cosas que hoy no haría y, de hecho, no hago.

-¿Qué porcentaje de tu carrera representa la histórica pelea con Julio César Chávez Jr.?

-Tengo un tío que dice que la gran mayoría de los deportistas son recordados por una pelea, por un partido, por un día o por un instante: Maradona, por el gol a Inglaterra; Monzón, por noquear a Benvenutti… Probablemente a mí me van a recordar por la pelea con Chávez. Fue una noche buenísima. Estaba en el centro de las miradas y uno boxea para eso. Fue el combate más resonante de mi carrera, pero no el más importante.

-¿Cuál fue el más importante?

-El día más feliz de mi vida me lo dio el boxeo el 21 de junio de 2003, cuando en Manchester gané el título superwelter de la Organización Internacional de Boxeo, que es algo secundario. Pero fue el más importante porque nueve días antes estaba haciendo una fila en Caritas para pedir un plato de comida y eso no lo quería hacer más.

-Un profesor y periodista de boxeo decía que no es un deporte y que el que comienza a pelear lo hace por hambre y para salir de la pobreza, sólo en busca de plata. ¿Qué opinás?

-Equivocadísimo. Nada más alejado de la realidad. Uno pelea por cualquier cosa menos por dinero. A mí me preguntaron: “Sergio, ¿vos te dejarías ganar por Cotto por 10 millones de dólares?” Es una locura. La realidad es que los boxeadores, los que perduramos, no los que reciben dos golpes y no van más, boxeamos porque en algún momento tuvimos un problema con nuestro papá. Algunos muy graves. Cuando golpeamos a nuestros rivales, estamos golpeando a nuestros padres. Es tan duro como real. A mí me costó un año y medio de terapia darme cuenta por qué boxeaba. Porque no se condice ese tipo que golpea a otro y lo deja tirado en el suelo con el que soy yo fuera del ring. Me empezó a comer la cabeza entender por qué peleaba.

-¿Y qué descubriste?

-Yo tengo un hermano mayor y uno menor. A mis nueve años, un día mi padre pidió ayuda a uno de sus hijos. “A ver un chico fuerte que me ayude a mover la mesa”, dijo. Me acuerdo que pesaba. Me apoyo sobre la mesa para moverla y medio en broma escucho que dice: “¡No, no, salí Cabezón! ¡Vení vos, Negro!”, señalando a mi hermano. Di un paso hacia atrás y en ese momento nació el boxeador. Lo gracioso es que siempre tuve una relación extraordinaria con mi viejo.

-¿Cuándo te diste cuenta de eso?

-Cuando estaba dejando de boxear.

-Cuando decís que los boxeadores no pelean por plata, ¿lo decís sólo por vos?

-Hablo por todos. Obviamente que existirán los que lo hacen para ganar dinero, pero no es la plata lo que está detrás. No es eso lo que busca un boxeador.

-¿Y qué busca?

-Trascender y que no se lo olvide. Busca ganarse un lugar en la historia. No buscamos otra cosa.

-¿Cómo creés que te recuerda la gente?

-No sabría decirte. Soy un tipo común que se animó a ganar cosas extraordinarias. Pero recién lo veré con el tiempo. Cuando dicen “leyenda” o esas cosas, pienso que están locos. Estoy vivo, soy joven y todavía digo tonterías.

-Tuviste momentos de mucha popularidad.

– Sí, fue muy fuerte, pero eso es efímero también. No puedo inflar mi pecho porque tengo popularidad.

-Sos el manager de Alberto Palmetta, entre otros. ¿Cómo ves al boxeo argentino?

-Igual que siempre. No tenemos campeones mundiales, pero lo trágico es no tener prospectos en los cuales se pueda apostar de acá a cinco años. Hace mucho que no se hacen bien las cosas desde la Federación. Miraron mucho tiempo a los Maidana-Narváez-Reveco-Maravilla y dejaron de apostar por los muchachos que estaban comenzando.

Habla de “tú” y cuesta que parezca argentino. Acostumbrado a decir “monólogo” en lugar de stand up y otros modismos españoles, Martínez es hincha de Messi y no tanto del Barça. Libre, independiente y autónomo, reconoce que no tiene un lugar fijo y estático. Descubrió que subirse al escenario le gusta y que se parece mucho a la sensación vivida arriba del ring. Quiere que lo recuerden también como actor, porque sabe bien Sergio Maravilla Martínez que el título de boxeador lo tendrá para toda la vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

error: Content is protected !!