Un garaje que los Chaves convirtieron en una fábrica de campeones

Santa Brígida es el nombre del barrio laborioso que agrupa a los mejores jardineros y floricultores del Gran Buenos Aires. Los acordes de los populares sucesos musicales de Gilda y Alcides aún perduran en el consumo de sus pobladores. Tiene una particularidad: su callejón central separa a los residentes de Moreno y a los de San Miguel. Y en esta última franja viven los Chaves. Boxeadores de alma y portadores de cinturones de campeón de todos los colores. Tres generaciones han transitado ese camino desde que el viejo Rudecindo, un obrero del ring que hoy tiene 71 años, destacado sparring de Víctor Galíndez y quejoso colaborador de Carlos Monzón, transformó el precario garaje de su casa -que no siempre tuvo auto para guardar- en un gimnasio de boxeo a fines de los ochentas. Nadie sabía cuánto duraría esta aventura que con el tiempo se convirtió en un legado preparatorio de atletas de elite.

Ismael y Ariel, sus hijos mayores, fueron campeones argentinos semimediano junior y semimediano, respectivamente. Ismael peleó con el ruso Kostya Tszyu, en una eliminatoria mundialista sin éxito en 1997, y Ariel no pasó el test que del boricua Wilfredo Rivera en el Forum de Inglewood en 1993. Otro heredero, Carlos, de buen estilo, quedó a las puertas de la corona nacional de los livianos.

Ahora, los nietos formarán parte de los proyectos más interesantes del boxeo argentino en las próximas semanas. Diego, campeón mundial interino semimediano de la AMB en 2012 y 2013, tendrá su última gran oportunidad internacional, en Sudáfrica, y sus primos Alan y Taiel acaban de clasificarse para el mundial amateur juvenil y se perfilan como óptimos candidatos a representar al país en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018.

Diego Chaves tiene 32 años. Su última pelea resultó el capítulo más pobre de su carrera profesional de 26 éxitos (22 KO), 3 derrotas y 1 empate. Cayó sin atenuantes en el tercer round frente al estadounidense Jamal James el 15 de diciembre pasado, pero ahora tendrá un convite tentador ante el sudafricano Thulani Mbenge, un invicto de 13 triunfos. Será el 23 de este mes en Kempton Park, Sudáfrica, por el título de la IBO, entidad de segunda línea.

Le resultará valioso volver a un escenario internacional por buena paga y con esperanzas de regresar a Estados Unidos, donde aún recuerdan sus buenos rendimientos frente a Keith Thurman, Timothy Bradley y Brandon Ríos. Invirtió muy bien sus ganancias en la construcción de un gimnasio modelo, a tres cuadras de donde su abuelo había adaptado aquel recinto humilde donde todos aprendieron este oficio. Las permanentes mejoras en este nuevo predio, abierto a muchos chicos sin recursos, merecen el mejor de los elogios.

¿Quiénes asoman? Taiel (hijo de Ariel) y Alan (hijo de Carlos). Acaban de clasificarse para el mundial junior de Hungría, de septiembre venidero, merced a sus victorias sobre Rodrigo Sanchez, de Guatemala, y Jorge Brand, de Chile, respectivamente, en Colorado Springs, Estados Unidos. Como todos los Chaves, son de buena línea, boxeo fino y escuela clásica. Firmes candidatos a conformar la selección nacional en Buenos Aires 2018. Aún no tienen 18 años y ya piensan en lo máximo.

Las fraguas de vida, los talleres de disciplina y los yunques del esfuerzo, forman parte del éxito en todo tipo de fábricas. Los gimnasios de boxeo son algo así. Diego perfeccionó lo que su abuelo inició en la vieja casona familiar. Y continuó con su legado: formar campeones, arriba y abajo del ring.

Por: Osvaldo Príncipi | La Nación

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