Erbin: Brian Castaño es el presente y Fabian Maidana el futuro del Boxeo Argentino

Por laopinionsemanario.com.ar

El joven preparador físico, mano a mano con La Opinión, habló de cómo llegó a la elite del boxeo y lo que significó el peleador chubutense con quien se dio el lujo de pisar el Madison Square Garden de Nueva York. “Estoy en un momento de crecimiento, trabajando con grandes boxeadores que era a lo que uno apuntaba cuando empezó”, admitió el sampedrino que hoy está en Los Ángeles, Estados Unidos, entrenando a Fabián Maidana.

A Matías Erbin las luces del mítico Madison Square Garden de Nueva York no lo encandilaron. Se expresa con soltura, seguro y, sobre todo, humildad. Desde la elite del boxeo nacional, el preparador físico sampedrino de 31 años recibió a La Opinión en Náutico, frente al Club Viejo, y se refirió a sus inicios en la actividad, lo que significó Lucas Matthysse en su carrera, su presente en el equipo de Sebastián Contursi y cómo se mantiene día a día en ese nivel que hoy lo encuentra en Los Ángeles trabajando con Fabián Maidana, el hermano del “Chino”, que combatirá el 28 de julio.

-¿Por qué el boxeo?

-No sé, a veces digo que el boxeo me chocó a mí, yo no choque al boxeo. Yo soy un tipo que no miraba peleas. Estaba trabajando en un gimnasio en Rosario cuando iba a entrenar Sebastián Luján, campeón latino y retador de título mundial, y se había quedado sin preparador físico. Me vio laburar ahí adentro que lo asistí un par de veces y me llegó el ofrecimiento de parte de él y de su equipo y empecé a trabajar. Al año aparecí en un Madison en Nueva York como primera experiencia internacional que fue espectacular a pesar de que el resultado a veces no se da como uno espera. Fue una experiencia bárbara, el Madison lo elegía en la PlayStation.

-¿En qué momento de tu carrera estás?

-Estamos en un momento de crecimiento, trabajando con grandes boxeadores que era a lo que uno apuntaba cuando empezó. He trabajado con grandes nombres tanto en Argentina como afuera, me siento trabajando en un gran equipo como es el de Sebastián Contursi con sus boxeadores como Brian Castaño que es presente del boxeo argentino y Fabián Maidana que es el futuro. Contento porque estoy atravesando un momento lindo y hay que seguir creciendo, no dormirse o relajarse porque hay que mantenerse en ese nivel.

-¿Cuánto tuviste que aprender del deporte para llegar al Madison Square Garden?

-Muchísimo. El camino del boxeo me llevó en cada etapa y cada boxeador que trabajé, creo que con los máximos exponentes a nivel nacional y hoy a nivel internacional. Cuando paso a entrenar a (Lucas) Matthysse me encuentro con (Luis) “Cuty” Barrera que venía de formarlo a Lucas y un asistente como Juan “Látigo” Coggi. Ahí sentí que salí directamente a hacer la universidad del boxeo argentino. Compartir dos años de trabajo, cuatro campamentos viviendo con ellos escuchándolos, aprendiendo y abriendo la cabeza porque las críticas que llegaron del equipo fueron constructivas. Me tocó una experiencia formidable en el ámbito nacional. Después salté a Brasil con el mejor record que es Patrick Teixeira y después a Estados Unidos donde pude trabajar con quien para mí es uno de los cuatro a cinco mejores entrenadores del mundo que es Ismael Salas quien me confió sus tres boxeadores en ese momento. Trabajé con gente importante. En ese trayecto llegué al equipo de Sebastián Contursi.

-¿Con qué ambiente te encontraste en el boxeo y cómo te adaptaste?

-Creo que cada deporte tiene su ambiente. Siempre tuve, no sé si la facilidad, pero las ganas de adaptarme y ser útil para ese ambiente y dejarme llevar para lo que necesita el boxeador. Yo no soy del palo del boxeo pero todos los días es un día a día en el que te vivís adaptando porque cada boxeador es un mundo nuevo para mí.

-¿Te hicieron pagar alguna vez no ser del ambiente del boxeo?

-No. Por ahí hay críticas. Cuando ganas sos un fenómeno y cuando no sos un profesor de colonia de vacaciones. Pero nunca lo sentí dentro del ambiente. Si por ahí del lado de afuera, pero vaya y pase porque no es donde uno se maneja. Ahí dentro sabemos cómo trabaja y se mueve cada uno. Siempre me preparé, estudié y capacité para que el boxeador que me toque no me quede grande. Cuando llega el momento en que no podes manejar al boxeador o determinada situación hay que dar un paso al costado antes de que te lo digan. Hay que trabajar constantemente para que eso no suceda, para estar siempre en ese nivel y cuando el boxeador llegue a vos se sorprenda de que sos mejor de lo que él esperaba.

-¿Cómo se trabaja para que los boxeadores, que en su mayoría son de orígenes humildes, no se vayan de su foco?

-En mi caso trato de interiorizarme en la parte humana del boxeador. Por ejemplo, cuando vamos a Estados Unidos pasan ocho o diez semanas en las que convivimos todos en una misma casa. No todos somos de crianzas y costumbres iguales entonces, desde ahí hasta modos de pensar y abordar las cosas. Hay que ayudarse mutuamente, ayudarlos a mostrarles el camino o el que uno cree que es el camino adecuado para ser campeón o llegar a lo más alto. Muchas veces son ellos los que nos ayudan a nosotros a llegar a ese nivel porque te elevan la vara y te hacen crecer. El intercambio siempre es mutuo. Nunca hay que entrar en el terreno de dónde salieron, porque no tiene nada que ver. La educación, lo que tengan o sus costumbre pueden influir en algunas cosas pero no cambia en nada en cómo sean como personas. No por eso no va a poder entablar una relación conmigo, al contrario. Somos diferentes pero es un detalle, está en lo humano si vos queres llegarle o no. Nunca hay que mezclar, somos todos iguales.

-Cuando Castaño fue campeón mundial en Estados Unidos, vos estabas en Francia. ¿Cómo se toma el triunfo o la derrota a la distancia?

-Si hay algo que aprendí de situaciones que me tocaron vivir es a aprender el rol que tiene cada uno en el equipo. En el caso de las últimas dos peleas de Brian Castaño no fui en ninguna. Una semana antes de la pelea ya está todo hecho y no hay nada más que hacer más allá del pesaje. A veces uno entiende que hasta ahí llegó. Lo mismo en el rincón que van cuatro y yo considero que tienen que ir los que cumplan una función esencial para ese momento de la pelea. Desde mi punto de vista boxístico y de la estrategia yo ahí no tengo nada que hacer más que acompañar desde la tribuna y disfrutar la pelea. Tiene que estar la gente que lo conoce bien, que sabe estrategia de boxeo y la va a dar el mensaje que le tiene que dar en ese momento. Mi mensaje ya le llegó en las semanas que lo tuve para motivarlo y entrenar, ahí se terminó mi trabajo. Después si tengo que ir al rincón porque falta uno, no tengo problemas. He estado en millones de rincones a nivel nacional pero mi aporte en ese momento es casi limitado, es el momento de ellos.

-¿Cómo es el trabajo específico tuyo?

-Depende mucho del contexto de la pelea y el rival que vamos a tener. Lo ideal siempre es trabajar doce semanas para poder trabajar las cualidades que necesitas trabajar. Es difícil hacerlas completas, a veces no se da. Normalmente son entre ocho o diez, no es lo ideal. El boxeador argentino tiene una educación deportiva que pelea y para. Después en tres meses tenes que ponerlo al 100% para una semejante pelea. Eso lo tienen que ir entendiendo, se lo van inculcando pero es difícil tenerlos todos los días. Lo ideal es tenerlo todo el año. Te contratan y tengas el tiempo que tengas, hay que laburar. Tu trabajo como preparador físico no tiene que perjudicar nunca el que hace el entrenador.

-¿De dónde viene la cultura de entrenar y parar?

-No sé. Se ha generado siempre. Las grandes estrellas argentinas hacen dos peleas por año como Lucas (Matthysse) o el “Chino” Maidana. (Sergio) “Maravilla” Martínez impuso otro estilo y fue el que hizo un poco el boom. En Estados Unidos también pasa, hay campeones mundiales que se dejan estar y de golpe tienen que bajar quince kilogramos en ocho semanas y se reniega más por dar el peso que por prepararlo físicamente para la pelea. Se diversifica el objetivo, ¿estamos bajando de peso o entrenando? Por las distancias que hay entre las peleas hay que entenderlo al boxeador en ese aspecto. Si no hay una fecha no hay una motivación para entrenar. Hay que entender las dos partes, la física nuestra y la motivacional de ellos. Es difícil plantarse en el medio.

-¿A qué boxeador te hubiese gustado o te gustaría entrenar?

-Castaño era una persona que me gusta mucho por su forma de pelear y me llevó. Fabián (Maidana) era alguien que me interesaba conocerlo y lo tengo. Me hubiese gustado en su momento el “Chino”. Entrenar a Maidana por cómo se ponía arriba del ring y cómo se brindaba hubiese sido algo lindo. Hoy estoy en un lugar privilegiado porque estoy entrenando el presente y futuro del boxeo, tipos que los entrenas y que se brinda al máximo arriba del ring. Son tipos que percibís que van a dejar todo. Son campeones, fueron campeones y tienen proyectado ser campeones. Por ahí no tengo un ideal hoy, sí en el momento en que entrenaba a Sebastián Luján y lo veía a Matthysse y pensaba que lindo sería entrenar a esta máquina.

-¿Matthysse fue un antes y un después en tu carrera?

-Sí. Más que nada por el grado de exposición que él tiene como figura mundial. La primera pelea que fuimos a Estados Unidos se caía el estadio gritando su nombre, las tribunas vibraban el nombre de él y salir caminando al ring escuchando e nombre de él era tremendo. La primera pelea casi que no la disfruté, unos nervios impresionantes, no sabía para donde mirar ni acomodarme. Era mi segunda pelea en el extranjero y encima fui al rincón, una experiencia tremenda. Fue un antes y un después en mi carrera porque los resultados fueron buenos. Después de varias victorias nos tocó perder y se asumió la derrota. Yo decidí irme del equipo porque Lucas decidió parar un año y medio. Yo tenía que seguir trabajando, recibí ofertas y tomé la decisión.

-¿Te cayó la ficha enseguida cuando estabas en el Madison Square Garden?

-Tenía 23 años y sí, caí porque sabía dónde estaba parado porque me preparé para ese momento. Uno siempre trabaja en visualizar un poco. Cuando me contrató Luján empecé a ver cómo y dónde entrenaban en Estados Unidos.  No me tomó de sorpresa, estás en un Sheraton de Manhattan, limusinas que te llevan y te traen con chofer y demás. Eso fue con Luján, con Matthysse dentro de lo que es el equipo yo estaba muy bien preparado pero me sorprendió el grado de exposición que tenía Matthysse que nunca me imaginé que era tan así: no poder caminar, entrevistas, traducir el idioma, autógrafos, llegas al aeropuerto y te esperando dos camionetas, la gente de Golde Boy y todo exclusivo para él. Están con vos, con tu equipo y te tratan de otra manera. Te llama la atención lo importante y querido que es el boxeador, más importante en Estados Unidos que en Argentina,  como lo tratan y valoran y uno se siente importante también como parte del equipo. Eso me sorprendió, me pegó mucho la primera pelea, después ya no. Quemé muchas etapas, arranque allá arriba. Mi idea cuando terminara con Matthysse era reinventarme y no ser el profesor de.

-¿Lo lograste?

-En parte sí porque hoy puedo decir que trabajé con varios campeones mundiales. Trabajé con campeones latinos y sudamericanos. Hoy puedo decir que no me encasillé con una sola persona.  Lo he logrado, no fue fácil. Yo me fui a Brasil que nada que ver, pasé de la Champions League a la B Nacional porque no es un país de boxeo. Fue asimilar muchas cosas, pensar lo que quería para mi carrera y salir de nuevo. Salió bien pero fue un cambio brusco que en lo económico era muy bueno pero que en lo profesional era volver a otra cosa.

-Qué referencias tenes del boxeo de San Pedro?

-Sinceramente no conozco mucho. Sé que está Carlos Vargas que trabaja muchísimo por el boxeo sampedrino y hace mucho para que se vea, genera eventos y los chicos pelean. Se lo reconozco porque he hablado con él y se está moviendo mucho. En un momento desde Arano Box le dimos una oportunidad a (Kevin) Espíndola, no resultó buena la experiencia pero trate de acercarme y darle una oportunidad. Pero no estoy muy empapado en cómo están o las peleas que se hacen. No quiero que suene a que no me interesa, me interesa pero nunca me empapé porque tampoco quiero ser un metido. Yo soy preparador físico, no soy promotor ni entrenador de boxeo, preparo físicamente y me voy. Desde ese aspecto no me llama la atención si hay un prospecto o un crack para ver si lo entreno. Me paro desde otro punto de vista a ver los chicos.

-Te tocó empezar y llegar a la elite en el boxeo, ¿te ves en otro deporte?

-Creo que sí porque no hay que involucrarse solo en una cosa. A mí en el boxeo me está yendo bien y estoy apostando a eso porque llegué a un alto nivel, estoy ahí, me va bien y siento que tengo mucho más para dar. He trabajado en fútbol de primera en Rosario, en la Liga Casildense, he trabajado en rugby y hockey y he tenido buenas experiencias. . También trabajo con jugadores de básquet y un ciclista de la ciudad.

-Es tener la cabeza abierta

Sí, pero si vas a trabajar o te contratan para un deporte, trabajá en ese y especialízate en todo a lo que él se refiere. El que mucho abarca poco aprieta, yo pienso así. Si, por ejemplo, te fue bien en el rugby metele de lleno pero después no quieras tener un tenista y entrenarlo de la misma manera y, porque te fue bien el rugby, creer que va a salir bien. Eso no tiene que pasar. Yo estoy relacionado al boxeo pero estoy capacitado para entrenar cualquier atleta. Es lo que hacemos en el gimnasio de entrenamiento personalizado que tenemos con el Dr. Guillermo Sancho (N. de R.: Secretario de Salud de la Municipalidad) y el profesor Andrés Villarruel en San Pedro.  Un espacio donde puede venir a entrenar cualquier persona ya sea fitness o deportista. Ofrecerle lo q necesita, kinesiólogo, nutricionista,  etcétera.  Sí me veo en otro deporte, porque uno por la experiencia que tiene y de los cursos que ha hecho puede entrenar cualquier tipo de deporte. Yo no soy un especialista sólo en boxeo. En el gimnasio tenemos jugadores de rugby, futbol y básquet. Yo hoy, por ejemplo, puedo entrenar a un tenista pero sé que tengo que estar actualizado con el deporte y capacitado como hice con el boxeo. Hay que utilizar todas las herramientas disponibles para darle al atleta o al alumno lo que viene a buscar de uno.

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