Dayana y Leonela Sánchez, las hermanas dinamita

Por Eugenia Mastri | mundod.lavoz.com.ar

Las cordobesas se consagraron campeonas continentales y ahora van por el Argentino. Admiración mutua en un vínculo que excede la familia y el boxeo.

A Leonela le dicen “la Monito”. Es más pequeña que Dayana –en tamaño y en edad– y no tiene problemas en subirse a cococho de su hermana para posar en las fotos. La besa, la mima. “Es la más cargosa de las dos”, dice “Day”.

Ella no tiene sobrenombres, pero, según “Leo”, “es una heladera”. Toma con gracia el cargoseo de su hermana, pero queda claro que esa “no es su onda”.
Cada una con lo suyo, las hermanas Sánchez se complementan a la perfección. “Somos mucho más que hermanas, somos grandes compañeras, amigas y entre nosotras no hay secretos”, avisa la mayor.

Y queda clarísimo.

“De chiquitas éramos tremendas. Nos agarrábamos a las piñas y los vecinos después nos acusaban”, rememora Dayana, y aclara que esas peleas nunca fueron entre hermanas. Entre ellas, más bien, existía el complot.

“Tenemos encontronazos, discusiones. Pero nunca nos agarramos a trompadas. Yo me buscaba los problemas y ella me defendía”, apunta Leonela, “la tremenda”.

Hoy, a los 23 y 24 años, dejan las piñas sólo para cuando están arriba del ring. Abajo son dos personajes súper desenvueltos, que se ríen con ganas, cuidan sus looks y “malcrían” a su madre.

Sobre el cuadrilátero la cosa cambia. Y estas hermanas cordobesas se transforman en dos rivales de temer. Tanto, que hace dos semanas se consagraron campeonas continentales en Honduras y se preparan con todo para disputar el Campeonato Argentino en Bialet Massé, del 12 al 16 de julio.

Leonela ganó de forma ininterrumpida el certamen nacional desde 2013, mientras que Dayana se consagró en 2013, 2014 y 2016.

Ambas sueñan con ser olímpicas. Por eso tienen a los Juegos de Tokio 2020 como su meta. Después será tiempo de plantearse el salto al profesionalismo.

Las chicas de las dos caras

“Arriba del ring no somos ni femeninas. Somos unos hombres bárbaros”, dice sin tapujos Leonela, para quien “la ropa de combate es un pantalón y una musculosa”. “A mí no me vengan con pollerita…”, avisa “la Monito”.

Su hermana tiene otro look. “Me gusta mucho el tema de la vestimenta de la pelea para lucirla. Para el Nacional pedí que me hicieran unos vestiditos. Pero cuando peleo en el exterior no me va eso”, dice Dayana y despierta las risas de “Leo”. “Se hace la femenina”, acota la más chica.

Y aunque sus compañeros de equipo les dicen que cuando están en el ring “no existen más las chicas; que son ‘Carlitos’”, a ellas no les molesta. Al contrario, les “encanta” sentirse “unas bestias” cuando tienen “unos guantes y unos cabezales puestos”.

También en el amor mantienen esa dualidad, aunque ambas están de novias con boxeadores y hasta hacen guantes con ellos. Leonela es pareja de Héctor Sarmiento y Dayana, de Alan Luques Castillo.

Las nenas de mamá

María Rosa les dio libertad para que crecieran. Con los conceptos claros de lo que estaba bien y lo que estaba mal, las hermanas mayores de Tania tuvieron “una infancia liberal”.

Uno de los frenos que encontraron fue justamente el dedicarse al boxeo como papá, Víctor Hugo. Fue Dayana la que tuvo que ganar primero ese combate en casa para después abrirle camino a su hermana y que hoy las dos recorran el mundo con el box.

Ya no corren por parte de su madre los horarios de llegada, ni “las miradas esas que dicen todo” cuando debía retarlas en público.

“Leo” y “Day” ya no van a la plaza a cantar a cambio de alguna moneda como hacían cuando eran chicas, con el único objetivo de ir a comprar juguitos. Ahora ellas le quieren devolver a su madre todo lo que les dio e invierten cada peso que ganan en mejorar la casa en la que viven en barrio Juan Pablo II.

Su único desliz lo genera el chocolate. “Es lo que nos puede. Somos las dos muy dulceras. Es un gustito barato, pero que a la vez es caro”, resume Dayana, en alusión a la balanza que deben enfrentar antes de cada pelea.

“Tiramos todo a la casa. Estamos agrandando la cocina, haciendo un living”, explica la menor, quien ya se hizo “una piecita atrás para tener privacidad”. Eso sí, a la hora de comer, es María Rosa la que cocina. “Comemos juntas. Yo no sé hacer ni una milanesa. Ahí me quedo nomás”, aclara “la Monito”.

La promesa

Leonela tiene tatuados en sus brazos los nombres de sus hermanas. A Dayana no le gustan las tintas, pero deberá ceder para cumplir con su palabra.

La propuesta, por su puesto, fue de la menor. “Si ganamos el Continental, nos tatuamos las dos”, tiró “Leo”. Y aunque “Day” aceptó con un “sí, sí” pasajero, cuando se metió en la final en Honduras cayó en la cuenta de que su promesa estaba cerca de materializarse.

“Nos vamos a hacer un corazón con la medalla”, cuenta la mayor, ante la jocosa mirada de Leonela.

Más allá de los gustos personales, ese tatuaje dejará para la posteridad la mutua admiración que sienten las Sánchez entre sí.

“Ella es la mejor. Totalmente”, afirma Dayana. Pero Leonela le devuelve un golpe en el medio del corazón: “Es mi ídola. Ella es mi referente. No puede haber nadie mejor que ella”.

Entre dos pesos y la ilusión olímpica. En Tokio 2020 se agregarán más categorías en boxeo femenino y las hermanas Sánchez se ilusionan. “Leo” puede combatir en 54 o 57 kilos, y “Day”, en 60 o 64. Ambas se sienten más ágiles en la categoría menor y más fuertes en la mayor.

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