El boxeo y un tema tabú: la diversidad de género

El boxeo es un deporte reconocido por ser símbolo de inclusión social, además del impacto positivo tanto físico como mental que genera en quienes los practican. Sin embargo, hay un tema que no ha sabido manejar: la diversidad de género, sus preferencias y orientaciones. Lejos de dominarlo, parece una cuestión absolutamente tabú… Ni siquiera se lo menciona. ¿Por qué? ¿Acaso incomoda? ¿Rompe con las estructuras de pensamiento habituales en el deporte? ¿O simplemente es más sencillo evitarlo?

En tiempos en los que se discute abiertamente y desde muchos sectores, y se combate la discriminación explícita e implícita sufrida por diferentes colectivos de personas, el boxeo no se hace eco. Todo lo contrario. Lejos de ponerlo en la superficie, más bien se lo oculta. Es cierto, no es una reacción exclusiva del boxeoSucede en la mayoría de los deportes, aunque se potencia en los de contacto.

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El mismo Comité Olímpico Internacional (COI) aún no termina de abordar el tema con una resolución integral. Más allá de las dificultades emanadas de la inmensa cantidad de países que reconoce -205- y lo integran, desde hace cerca de una década estudia la temática y aún no se pronuncia de manera concreta frente a ella. Lo más cercano que ha estado, en palabras de su presidente, Thomas Bach, previo al inicio de los recientes Juegos Olímpicos de Tokio, fue remarcar que promueven “un mensaje de diversidad cultural e igualdad de género”.

Una cosa es la igualdad de género, y otra muy diferente es la diversidad de género, más aún si se lo considera en forma binaria y tradicional. ¿Puede entonces el boxeo hacer algo? Por supuesto que sí.

En pleno año 2021 cuando desde muchos ámbitos se aboga por las libertades de asociación, expresión y elección, tanto en torno a orientación sexual como identidad de género, y por los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI), el boxeo hace silencio. Unas pocas disciplinas se expresan abiertamente, otras algo menos. El boxeo, reconocido por su permanente función social, no habla. Apenas existen excepciones, atisbos, llevados a cabo en forma individual, y generalmente en voz baja. El silencio es aún mayor entre los varones. Prácticamente, parece prohibido.

En un deporte en sus orígenes asociado a masculinidades exacerbadas, las posiciones machistas siguen ocupando importantes espacios, a pesar de que parezcan anacrónicos. Tan es así que existen marcadas diferencias en el trato recibido entre varones y mujeres. A las chicas, hasta cierto punto, algo se les concedeA los chicos… ¿Por qué semejantes contrastes?

A pesar de que el boxeo es un deporte tan arraigado en el día a día nacional, hasta el momento no ha habido boxeadores que hayan expresado en público ser gay. Si bien en la sociedad en su conjunto comienzan a manifestarse deportistas que rompen con la tradicional orientación sexual, el pugilismo aún no lo visibiliza. No sorprende.

Algunos, se dice, lo han manifestado por lo bajo, en círculos muy cerrados. Hasta más de una vez, a un reducido número se lo ha marcado como tal. Pero nadie lo declara abiertamente. ¿Será que no hay? ¿Las condiciones están dadas para que alguien pueda expresarlo sin temor a represalias?

Al deporte y a sus protagonistas, les cuesta.

 

“¿Vos en serio te imaginás lo que me puede pasar si se sabe que yo soy gay?”, manifestó un boxeador bonaerense que no llega a la docena de combates profesionales, y prefirió resguardar su identidad.

 

“No lo sabe casi nadie del ambiente -agregó-. Solo mi entrenador, y dos amigos y compañeros del gimnasio. Fuera del boxeo, sí lo saben. Costó un poco en la familia, pero hoy lo llevamos bien”.

 

El temor a ser estigmatizado puede más. “Si en el día a día se habla de que fulanito o menganito es ‘puto’. Duele mucho que se lo mencione como un insulto. Imaginate si te lo gritan desde una tribuna. ¿Dónde queda mi carrera? ¿Qué gano al hacerlo público? Me puede jugar muy en contra”, consideró.

 

Imaginate el vestuario… No, ¿para qué lo voy a andar diciendo?”, remarcó, con seguridad.

¿Acaso un deporte “de machos” podría perder “potencia”, “virilidad” por eso? En tiempos actuales, ¿no resulta arcaico?

 

 

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En 2012, el ambiente pugilístico y el mundo del deporte en general se revolucionaron. El puertorriqueño Orlando Cruz hizo pública su orientación sexual gay, y con ello se transformó en el primer boxeador varón de la historia en declararlo en actividad. Hasta hoy, no existen otros antecedentes. Sí los hay de púgiles que lo admitieron una vez retirados.

Fue por medio de una entrevista con el diario estadounidense USA Today, en la que por primera vez el apodado “Fenómeno” se declaró “un orgulloso puertorriqueño y gay”. Con ello, pasó a la historia.

 

“Quiero tratar de ser el mejor modelo que pueda para niños que puedan interesarse en el boxeo y en una carrera profesional. Siempre fui y seré un orgulloso puertorriqueño. Siempre fui y será un orgulloso gay”, manifestó en la nota publicada el 3 de octubre de 2012.

 

En ese entonces, Cruz tenía marca de 18-2-1, con 9 nocauts, y se encontraba N° 4 del ranking mundial pluma de la Organización de Boxeo (OMB). Con 31 años, lejos de perjudicarlo, tal declaración lo benefició. Llegó a una popularidad que jamás había tenido y se convirtió en una personalidad que trascendió el deporte. Hizo un éxito de su figura, que supo explotar al máximo.

Sus peleas tuvieron una exposición cada vez mayor. Fiel a su apodo, se convirtió en un “fenómeno” de audiencia. Sus pantalones y calzoncillos con los colores del orgullo LGBTI fueron vistos en cada rincón. Y en lo deportivo, llegó incluso a disputar sin éxito dos títulos mundiales. Primero fue el pluma OMB en 2013, cuando fue noqueado por el mexicano Orlando Salido, y en 2016, el ligero OMB, detenido por el inglés Terry Flanagan. Más allá de esos traspiés, su popularidad no mermó.

Se transformó en un activista. En 2013 fue uno de los deportistas LGBTI que ingresó en el Hall de la Fama Nacional Gay y Lésbico del Deporte (National Gay and Lesbian Sports Hall of Fame) en Chicago.

Se casó el 16 de noviembre de 2013 con su novio José Manuel Colón en una ceremonia desarrollada en el Central Park de Nueva York, oficiada por la concejala de la ciudad Melissa Mark-Viverito.

Si bien no llegó a cumplir su sueño de ser el primer campeón mundial de boxeo gay en actividad, terminó con récord de 25-7-2, con 13 nocauts, tras su retiro en 2018.

En nuestro país son varias las boxeadoras públicamente declaradas lesbianas o bisexuales. Las más populares, por sus éxitos deportivos, son las ex campeonas del mundo Ana Esteche Paola Casalinuovo. Sin embargo, la lista se extiende a Soledad CaprioloNatalia Aguirre, ambas retadoras mundialistas, y Johana Giménez, pareja durante nueve años de Esteche, entre otras.

 

“Nunca me sentí discriminada. Al contrario, después de que yo dije que estaba con Johana se conocieron muchas boxeadoras que no lo habían hecho público”, señala Esteche.

 

Con marca de 14-6-3, y 2 nocauts, quien fuera campeona mundial superligero de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), la Federación Internacional de Boxeo y la OMB, reflexiona sobre la situación.

Fuera de lo deportivo, más allá de algunas cositas, no me he sentido muy discriminada tampoco. A lo sumo con algunas cuestiones familiares de mi ex pareja. Me aceptaban como alguien de la familia, pero tampoco decían: ‘Es la novia o la pareja de Johana’. Más que nada nos decían que no teníamos que andar ventilando nuestra vida privada, nuestra intimidad, porque no tenía nada que ver con el deporte”, relata.

Estrictamente en su oficio, no tiene grandes reproches. “Creo que vino bien que nosotras lo hiciéramos público. Seguramente habrá gente que no le haya gustado, que tal vez hayan dicho algo. Pero en la cara, nunca recibí nada”.

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La concesión que existe hacia las mujeres es muy diferente que hacia los varones. Esteche lo sabe: “Es un mundo muy machista. Nuestro deporte también. Por ahí algunos piensan que si practicamos un ‘deporte de hombres’, algo de varoneras tenemos que ser”.

 

“No conozco a ningún boxeador del país declarado homosexual. Debe haberlos, pero deben tener miedo de admitirlo”, supone.

 

 

“Es más difícil para ellos. Si dicen ‘Ese puto…’. ‘Un pibe puto no puede ser boxeador’. Un ‘maricón’ no puede ser boxeador. Eso es lo que se piensa”, sostiene, y agrega: “Incluso la gente más grande, fanática del boxeo, sin intención de lastimar, pero haciendo daño va a decir: ‘Antes no era así el boxeo. Era de hombres. Lo arruinaron’. Por eso los entiendo a los chicos”.

 

En más de una ocasión, con Johana en su esquina o después de una pelea, se la ha visto descender del ring y besarse como cualquier pareja. ¿Podemos imaginarnos un varón en la misma situación? ¿Sería percibido como algo cotidiano?

 

“No, no me lo imagino. No existe. No es algo que se ve, ni siquiera me imagino el hecho sucediendo. Los matan”.

 

¿Y por qué semejante diferencia?

“Hoy en día el lesbianismo se ve más que el varón gay. A veces puede ser porque las mujeres podamos ser un poco más demostrativas, otras porque el hombre es más cohibido… Pero fundamentalmente, por la sociedad machista que tenemos, que le choca más”.

En sus pasiones y contradicciones, el boxeo ha sido un deporte capaz de brindarle a la mujer un espacio que otras disciplinas tradicionalmente masculinas, no lo han dado. Solo basta con observar que Argentina es potencia en boxeo femenino, y es el país con mayor cantidad de campeonas mundiales de la historia, con 31.

No sólo eso. Boxeadoras ya icónicas como Marcela “La Tigresa” Acuña -más que ninguna- o Yésica “La Tuti” Bopp, son más populares que muchas mujeres que practican disciplinas asociadas a lo masculino. ¿Acaso fuera de su propio ambiente, hace diez años existían mujeres futbolistas tan populares como boxeadoras? Las distancias son notorias.

Y Esteche así lo remarca: “Acá son más conocidas las boxeadoras que otras deportistas. Por ejemplo, en el fútbol, recién ahora se están haciendo populares algunas chicas. En el boxeo, las figuras, ya son conocidas hace años. La mayoría conoce a la ‘Tigresa’, pero no sé cuántos conocen a las chicas que juegan al fútbol”.

Semejante paso, ¿por qué no puede trasladarse a la diversidad de género?

Al igual que en Argentina, existen ejemplos de boxeadoras lesbianas y bisexuales que lo han hecho público en plena actividad.

La mexicana Alejandra Jiménez (12-0-0-1 sd, 9 KOs) es una de las más populares. Campeona mundial pesado del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) y luego supermediano CMB es de las más exitosas. Conocida como “La Tigre”, ha sido siempre abiertamente lesbiana y está en una relación con Camila Galán, con quien formó una familia lesbomaternal, y tienen dos hijas.

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La estadounidense Marlen Esparza (10-1, 1 KO) es una de las boxeadoras más talentosas del momento. Olímpica en Londres 2012, como profesional se coronó campeona mundial mosca CMB en junio de 2021. Es abiertamente bisexual. Tan es así que estuvo comprometida con la inglesa Nicola Adams (5-0-1, 3 KOs), medalla de oro en Londres 2012 y Río de Janeiro 2016. En 2018 se separaron y ese mismo año Esparza se casó con su entrenador, Frank Figueroa.

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La mencionada Nicola Adams (5-0-1, 3 KOs) es otra de las referentes. Abiertamente lesbiana, además de sus oros olímpicos y mundiales amateurs conquistados, fue campeona mundial mosca interina OMB. Se convirtió en un ícono británico de la lucha LGBTI. Retirada desde noviembre de 2019, se encuentra en pareja con la modelo Ella Baig.

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Tal vez quien más debió soportar fue la estadounidense Christy Martin (49-7-3, 32 KOs). Estrella en los años ’90, rival de Marcela Acuña en 1997, obtuvo varios títulos hasta que se coronó campeona mundial superwelter CMB. Abiertamente bisexual, en noviembre de 2010 fue víctima de un ataque de su por entonces esposo James Martin, quien la acuchilló y le disparó. Años más tarde, se casó con Lisa Holewyne.

La estadounidense Gina Guidi (16-1-1, 6 KOs) fue otra de las precursoras. Retirada desde 2001, obtuvo títulos de entidades secundarias. Es abiertamente lesbiana y militante por los derechos de la comunidad LGBTI.

La lista continúa. Nombres como la neozelandesa Geovana Peres (8-1) o la estadounidense Jeri Sitzes (15-11-1, 6 KOs) también la integran. Y hay muchas más.

El único boxeador conocido que haya abiertamente manifestado su orientación gay es Orlando Cruz. Sin embargo, son varios los que lo han hecho público una vez colgados los guantes.

 

 

Uno de ellos es el estadounidense Yusaf Mack (31-8-2, 17 KOs). Llegó a disputar el título mundial mediopesado FIB en 2011 -cuando cayó con su compatriota Tavoris Cloud-, hasta retirarse en 2014. Tiempo más tarde, incursionó en la industria pornográfica gay, participando en varias películas. Inicialmente, manifestó que era bisexualy luego se declaró gay.

 

El canadiense Mark Leduc (4-1, 2 KOs) fue otro de los que lo declaró después de su retiro en 1993. Medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, lo hizo público dos años después. Militó contra en ONGs en campañas contra la lucha del virus HIV, hasta que murió en 2009 de un infarto.

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Previo a ellos, el alemán Wilhelm von Homburg (30-11-6, 24 KOs) combatió en los años ’60. Aspiraba a ser estrella en sus inicios, llegó a combatir por título europeo aunque le faltó para una corona mundial. Fue noqueado por Oscar “Ringo” Bonavena en 1969. Luego de su retiro el año siguiente, incursionó en el cine y la televisión. Si bien no lo declaró en forma abierta, son muchos los que aseguran que era gay, y otros, bisexual.

Son numerosos los casos de estrellas del boxeo que se han manifestado en contra de cualquier tipo de relación que no sea la estrictamente heterosexual, tradicional y monogámica. Con el correr de los años, esas declaraciones públicas han perdido un poco de fuerza. No significa que no las haya, o que esos pensamientos no estén vigentes. Es que no es políticamente correcto expresarlo. Pero aún los hay.

El mismísimo Evander Holyfield alguna vez manifestó públicamente que la “homosexualidad es similar a una discapacidad”.

Sin embargo, la figura más importante que aún hoy persiste abiertamente es nada menos que Manny Pacquiao. El campeón mundial en seis categorías diferentes ha reiterado en innumerables ocasiones que las parejas homosexuales “son peores que los animales”.

 

“Es de sentido común. ¿Alguna vez han visto a los animales aparearse con animales del mismo sexo? Los animales son mejores, ya que distinguen entre hombres y mujeres”, dijo el senador y precandidato a presidente de Filipinas en una entrevista al canal TV5 de su país en febrero de 2016.

 

 

“Si los hombres salen con hombres y las mujeres con mujeres, son peor que los animales”, remató.

 

Tras un aluvión de críticas, el “Pacman” realizó una disculpa pública en sus redes sociales aduciendo que se había convertido al evangelismo a principios de 2010 y que seguía los mandamientos de la Biblia. Sin embargo, inmediatamente reiteró su inclaudicable pensamiento.

 

“Siento haber herido a las personas al comparar a los homosexuales con animales. Por favor perdónenme. Pero esto no cambia mi posición hacia los matrimonios del mismo sexo. Eso es lo que creo. Mi único error es comparar a los gays con animales”, publicó, tras lo cual volvieron a lloverle reclamos.

EL CASO DE EMILE GRIFFITH Y LA TRAGEDIA CON BENNY PARET

 

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Muy lejos en el tiempo parece haber quedado el caso de Emilie Griffith y la tragedia con Benny Kid Paret en el Madison Square Garden, la noche del 24 de marzo 1962. El estadounidense, ya campeón mundial welter, se afirmaba como una de las grandes estrellas de la época. Luego de recibir una cuenta en el sexto round, en el duodécimo arrolló al cubano en una de las mayores “palizas” jamás vistas sobre un ring, y que debió haber sido detenida mucho antes por el árbitro Ruby Goldstein. Finalmente lo hizo, pero era tarde. Paret, tras recibir sobre las cuerdas, cayó al suelo inconsciente. Fue trasladado al Hospital Roosevelt de Nueva York inmediatamente en estado de coma. Jamás recobraría la consciencia. Falleció el 3 de abril.

En esa época, se rumoreaba que a Griffith “le gustaban los hombres”. No sólo eso. Además, era negro. Sí, negro y perseguido por gay. Y eran los ‘60 en Estados Unidos. Tiempo después de sucedido el hecho, se decía que algo había sucedido en la previa.

La revista Sports Illustrated informó en un artículo del 18 de abril de 2005 que Griffith habría reaccionado con tal furia ante un insulto homofóbico que Paret le habría dicho en el pesaje. “Maricón”, fue el término atribuido. Si ése fue o no el detonante, no lo sabremos. Accidentes en el cuadrilátero han ocurrido. Pero lo que ocurrió, lo transformaría para siempre.

Sumamente dolido, Griffith continuó con su carrera que se prolongó hasta 1977. Se enfrentó a los mejores, primero en welter para luego ser campeón mundial mediano. Incluso fue noqueado dos veces por Carlos Monzón -una en el Luna Park y otra en Mónaco-. Terminó con marca de 85-24-2-1 sd, con 23 nocauts. Pero en sus propias palabras, jamás volvió a ser el mismo. Y se notaba.

 

“Aunque nunca fui a la cárcel, he estado en una prisión casi toda mi vida”, remarcó.

 

En 1992 fue víctima de un ataque que casi le cuesta la vida. Fue golpeado gravemente al salir de un bar gay en Nueva York, por lo que permaneció internado cuatro meses.

 

Esperó décadas para hacer pública su orientación, y contar su calvario. En la nota con Sports Illustrated de 2005, admitió que era bisexual: “Me gustan tanto los hombres como las mujeres. Pero no me gusta la palabra homosexual, gay o maricón. No sé lo que soy. Amo por igual a hombres y a mujeres, pero si me preguntás cuál es mejor… Me gustan las mujeres”.

 

Tres años más tarde, en 2008, publicó su biografía “Nine…Ten… And Out! The Two Worlds of Emile Griffith”, escrita por Ron Ross, en la que dejó frases contundentes:

 

“Sigo preguntándome lo extraño que es todo esto. Mato a un hombre y la mayoría lo entiende y me perdona. Sin embargo, amo a un hombre y esa misma gente lo considera un pecado imperdonable. Aunque nunca fui a la cárcel, he estado en prisión casi toda mi vida”.

 

Falleció el 23 de julio de 2013, a los 75 años.

Hoy estamos muy lejos de eso. Por supuesto que sí. ¿Pero realmente somos una sociedad capaz, madura? ¿El mundo del boxeo lo aceptaría? ¿Podemos soñar con que no haya ni la más mínima discriminación? Queda un extenso camino por recorrer.

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