El nacimiento de una leyenda: A 45 años del estreno de Rocky

Por infobrisas.com

¿Hay alguien que no haya visto alguna vez una película de Rocky? El personaje creado por Sylvester Stallone trascendió la frontera del cine y se transformó en una referencia de la cultura popular en el mundo entero. Entrenar como Rocky, subir corriendo escaleras, comer huevos crudos, o gritar “Adriaaaaaan!!!” a voz en cuello, son imágenes y escenas que tenemos incorporadas.

En diciembre de 1976, la película se estrenaba en Estados Unidos, con guión del propio Stallone y la dirección de John Avildsen. A poco de cumplirse 45 años, en InfoBrisas.com entrevistamos a Juan Manuel Álvarez Branda, de Krakozhia Podcast, uno de los espacios más originales de análisis del séptimo arte, compuesto por Crítico CítricoLucas Rodríguez y Manuel Mamud. En este podcast, dedicado a Rocky, surgía una definición que puede ser tomada para graficar el impacto del personaje: “Si no te gusta Rocky, no te gusta el cine”.

¿Por qué pensás que Rocky terminó siendo una figura tan icónica en el mundo entero?

Bueno, hay una cuestión que es evidente y es que Rocky es una figura que representa eso que solemos llamar lo “motivacional”. Ojo, no es que el personaje de Stallone en si mismo configure esa característica, sino que la película se ocupa detalladamente de crearla. Pensemos en los distintos aspectos que hacen a Rocky. La figura del “underdog”, el competidor que menos chances tiene y por el que nadie daría un peso manteniéndose hasta el último round contra el mejor boxeador del mundo; el pibe de barrio, clase media-baja que vive en los sucios suburbios de Philadelphia, su pobre escolaridad e incluso, yéndonos al fuera de campo, la excepcional música de Bill Conti. Todos estas aristas hacen que Rocky se transforme automáticamente en una suerte de modelo a seguir. Sin embargo, no hay que olvidarse de que es una película.

En una primera aproximación, pareciera que Rocky encarna el sueño americano como nadie, y sin embargo, para ustedes la película tiene como subtexto lo contrario. ¿Por qué lo piensan así?

Ahí yace el problema, no solo en Rocky sino en casi todo el buen cine americano, de la mala lectura sobre el punto de vista. Es muy importante separar subjetividad del personaje de subjetividad de la película. Pensemos en las dos “caras” del film. Por un lado, Apollo Creed, el afroamericano que cumplió el sueño de todos y llegó a la cima, a pesar de sus orígenes y las dificultades que tuvo que atravesar; y ahora disfruta de su riqueza, que es su gran recompensa. Por otro lado, tenemos a Rocky Balboa, un hombre blanco promedio, de los suburbios de Philadelphia, sin nada que perder, que está donde está por los vericuetos de su vida. Hay tres escenas claves de la película que nos van a ayudar a comprender el punto. La primera es cuando el equipo de Apollo, que por sus corbatas y sus contratos lógicamente se parece más a un grupo empresario que a un equipo deportivo, decide organizar un showmatch en nombre de la beneficencia contra un boxeador americano cualquiera. La escena comienza con un plano de un afiche de Apollo con sus clásicos pantalones con los colores de la bandera norteamericana, el águila tradicional de ese país que alegoriza la “libertad” y la palabra “bicentennial”, obviamente remitiendo al bicentenario de la independencia de Estados Unidos. Es importantísimo tener en cuenta que el film se desarrolla en Philadelphia, cuna de la firma de la independencia de este país.

La clave de esta escena es cuando Apollo propone enfrentar a un boxeador novato, ya que USA es la “tierra de las oportunidades”, frase que nos remite directamente a aquel excelso plano de El Padrino II en el que un joven Vito Corleone vislumbra la estatua de la libertad desde la ventana de su monoambiente gubernamental. La segunda escena clave consiste en la que Rocky va a visitar el estadio en el que se llevará a cabo la pelea y ve su afiche, en el que está ilustrado con unos pantalones rojos y una línea blanca, que obviamente simbolizan la ideología comunista, a pesar de que él utiliza pantalones blancos con una línea roja. Es clara la oposición, ¿no? Por un lado, la hipocresía norteamericana, encarnada por un afroamericano consagrado que propone un enfrentamiento contra un luchador remoto en nombre de la “libertad” y la posibilidad de una oportunidad para cualquiera de enfrentar al mejor. Por otro, el hombre blanco promedio americano, que sin saberlo, representaría a todo el mundo comunista en una pelea meramente propagandística. Incluso podríamos decir, a esta altura de la historia mundial y fílmica, que hasta esta representación puede faltarle sutileza. Sin embargo, la opinión pública sobre Rocky, y sus consecuentes secuelas descartan esta teoría. Por último, la tercera escena clave es en la que Rocky, tirado en su cama, reflexionando, se da cuenta de que no va a poder sostener el ritmo del mejor boxeador del mundo, entonces su objetivo, totalmente opuesto a ambas posturas, es intentar mantenerse en pie hasta el último round. Es la auténtica tercera posición que tanto propone el cine de Hollywood y en la que en nuestra humilde opinión, el cine bueno posee.

¿Te parece que la saga Rocky conspiró contra esta película, la primera, transformándola en más “pochoclera” de lo que es en realidad y llevándola a otro lugar?

Puede ser. Rocky, al igual que Apollo, y al igual que casi todo el cine bueno americano, se manoseó, se recicló y se transformó en otra cosa. Hasta podríamos decir que en ciertos momentos de diferentes secuelas se pasa al otro lado, a la primera postura que mencionamos en la pregunta anterior. Se trata del fenómeno de la inflación, que no es solo monetario, en el que las cosas, por repetición, en términos estéticos, empiezan a perder valor; al igual que como ocurre en la cuestión monetaria. El término “pochoclera” no es de mi agrado, a decir verdad. Creo que propone, o más bien, categoriza forzadamente una película a un escalón menor. Como si el hecho de que en una película haya explosiones, música fuerte, secuencias de acción, diálogos ostentosos, etcétera, la eximieran de poder ser una gran película simbólica. Otra cosa que personalmente me inquieta de este término es que justamente se les dice “pochocleras” porque uno puede comer este rico y poco nutritivo alimento sin necesitar prestar demasiada atención a la película, además del ruido que hacen los pochoclos. Con ese criterio, el 98% de las series que se exhiben en plataformas de streaming son “pochocleras”, ¿no? Sin embargo, nunca he escuchado esta categorización hacia las series.

Existen voces críticas a Rocky por haberle ganado el Oscar como mejor película a Taxi Driver. Sé que tienen una mirada especial respecto a los premios. ¿Te parece justo ese cuestionamiento?

Honestamente los premios me tienen sin cuidado. Lógicamente coincido con esa mirada. Son dos películas extraordinarias. Incluso hoy por hoy creo que prefiero a Rocky. Pero repito, los premios no son de mi interés en absoluto. Recordemos que se crearon como fachada para ocultar la tercera posición creada por Hollywood en los años treinta. Al igual que el star system, los desfiles, las fiestas con celebridades, etcétera. Creo que no deberían ser tomados en serio. Incluso creo que ese es el problema no solo del público que “disfruta” (¿cómo hacerlo?) de los premios sino también de la academia. Ellos se lo toman muy en serio, por eso sus ceremonias son un monumento al embole y un mero desfile de outfits y chistes malos de algún humorista afroamericano de moda. Si fuera la fiesta autoconciente que se proponía en aquel entonces, al menos sería más divertida. Por supuesto que prefiero que gane alguna película que es de mi agrado o incluso alguna película argentina, más allá de su calidad, pero por una cuestión meramente estratégica. Más premios traen consigo mayor difusión y también mayores posibilidades de hacer cine similar al ofrecido por la película ganadora, en el mejor de los casos.

¿Hay una subestimación del talento de Stallone como guionista?

Sin lugar a dudas. Fue el guionista de todas las secuelas de Rocky, de Rambo (otra gran saga) e incluso de Cobra. Creo que se lo subestima por sus características físicas como actor, desde ya. Todas esas películas, en mayor o menor medida, tienen momentos muy rescatables, y sobre todo, miradas a tener en cuenta. Pero creo que el “problema” es la confusión entre su figura como actor, inflada hasta el hartazgo y su rol como guionista, trabajo que se le suele dar a otro tipo de personaje.

La estatua de Rocky está hoy al lado de las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia. (Foto: Wikipedia)

¿Qué podés decir de la carrera de John Avildsen como director?

Es un director del que prácticamente no se ha hecho ningún estudio, ¿no? Está claramente invisibilizado, ya que la figura de Rocky como personaje y la de Stallone como figura lo han opacado por completo. Me hace acordar, salvando las enormes diferencias, a Rob Reiner, un director que ha hecho grandes películas pero del que nadie habla, quizás por ser un director casi por encargo, que ha hecho diferentes géneros y no tiene una marca autoral tan definida como otros autores de los ochenta como Brian De Palma o James Cameron.

Mencionan al rol de Talia Shire y la asemejan con su papel de Connie Corleone. ¿Ambos roles prefiguran el “empoderamiento” femenino o es algo habitual en la mirada del cine de Hollywood?

El cine de Hollywood siempre se ha ocupado del “empoderamiento” femenino. Pensemos en Cat People, Laura, incluso en Vértigo, de Hitchcock. El cine clásico de Hollywood, según Faretta, se proponía tres ejes. El primero, la recuperación de la figura del héroe (en nuestro caso Rocky) personaje que se arriesga sin ningún beneficio; el segundo, declarar o enfatizar el concepto de la tragedia, es decir, que las acciones humanas tienen un límite, que todo lo que hacemos tiene un punto final y, ya está. Y el tercero, justamente, es la afirmación de la figura femenina. En el Hollywood clásico, las mujeres actrices, montajistas, directoras, fotógrafas, eran tratadas igual que los hombres. En la ficción ocurre lo mismo. Lógicamente, ambos géneros tienen diferentes roles en las películas. Esto es algo que Hollywood siempre tuvo en cuenta, pero esto bajo ningún punto de vista sugiere que un género es menor que el otro por sus actividades o roles. Pensemos en Vértigo. Madelaine es la que guía al personaje de Scottie hacia una supuesta verdad, aunque después este falle. Un caso que me interesa mucho es el de “Woman Of The Year”, de George Stevens. Hay una escena maravillosa, que ejemplifica perfectamente lo que estoy diciendo, en la que el personaje de Katharine Hepburn intenta cocinarle a su flamante marido Spencer Tracy, enchastrando toda la cocina y fallando miserablemente en ser esa supuesta mujer “ama de casa”. Allí es donde uno se acepta al otro, más allá de sus diferencias constantes, en términos políticos, deportivos, etcétera. La recomiendo muchísimo, porque además es un gran comedia de un director algo olvidado del Hollywood clásico.

En un momento del podcast, emparentan Rocky y Rambo, apuntando que “están hablando de lo mismo”. ¿Por qué plantean esto?

Bueno, es algo que ya había mencionado un poco antes. Se trata de un hombre lanzado a una guerra que sabe que va a perder pero sin embargo está allí parado, como un héroe, dando pelea más allá de todo. Tampoco sabe bien por qué está allí, lo que lo sostiene es el amor propio. También se trata de una película mal leída por la crítica y que habría que revisar. Estoy hablando de Rocky. Rambo es muy buena, también.

¿Sos de la opinión de que el deporte que mejor mostró el cine fue el boxeo? ¿Por qué creés que se da así?

Quizás. Cuando se trata de enfrentamientos, el cine necesita de distancias cortas. Incluso en los westerns, películas de ambientes tremendamente abiertos, siempre el duelo final ocurre entre unos pocos metros de distancia entre los dos rivales. Hasta podemos pensar que El bueno, el malo y el feo, película que cierra con un truelo y que su característica principal es el enorme vacío, las grandes distancias, los prolongados silencios y los muy abarcativos planos enteros, termina en un duelo de miradas entre los tres contrincantes con planos cortos. Por eso el boxeo es tan exitoso en el cine, por la escasa lejanía entre los dos personajes. También hay una cuestión que no es para nada menor y es que el boxeo es pura acción, es roce y choque directo. El cine siempre es acción, pero es más exitoso cuando ocurre cualquier tipo de pelea o enfrentamiento. Los éxitos -narrativos y comerciales- de Terminator, Terminator II, Un tiro en la noche, Johnny Guitar, Rambo, Taxi Driver, Duro de matar o Misión Imposible se deben a esto, entre muchas otras cosas. Hay algo inherente en el ser humano que disfruta de ver dos fuerzas enfrentadas entre sí batirse a duelo en cualquier morfología. Además, ver a dos personajes enfrentados en combate obviamente hacen que uno piense en qué representa cada una de las fuerzas, y eso es algo que en la cabeza del espectador siempre está, consciente o no. Por último está la idea de que el ring de boxeo es también una suerte de pantalla de cine, en la que una multitud corea por uno o por otro, todo esto en campo. Este deporte, algo manoseado hoy por hoy, es de mucha facilidad para ser narrado en cine porque resume, de alguna manera, todo lo que es en sí mismo.

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