Chocolatito y la dolorosa realidad: los pesos pequeños dan más espectáculo que nadie

Román Chocolatito González es un gigante del ring. Su pelea contra Julio César Rey Martínez dejó claro que las divisiones pequeñas solo tienen ese adjetivo de adorno. No hay púgiles con más valentía, arrojo y amor propio que los que han sido encasillados como “pesos pequeños”. Lo han demostrado durante mucho tiempo sin tener el reconocimiento que se merecen. El mundo del boxeo, por alguna razón, continúa rechazando la evidencia y les niega las grandes bolsas que sus puños ameritan.

¿Está usted decepcionado del boxeo? ¿Le parece un deporte aburrido que ya no tiene la emoción de antes? Tenga un poco de paciencia. Luego ponga en su televisor alguna pelea de peso mosca, minimosca o supermosca. ¿Mejor? Si se quedó con ganas de ver más tras la cátedra de Chocolatito contra Rey, bien puede revisar el festival de golpes que protagonizaron Fernando Pumita Martínez y Jerwin Ancajas la semana pasada. Vale cada dólar invertido.

Los peladores pequeños no tienen freno. Son el último resquicio de autenticidad que tiene el boxeo moderno. Ellos no ponen condiciones, los “chiquitos” no posponen peleas hasta el hartazgo ni se ocultan debajo de mil excusas burocráticas. Les da lo mismo estar invictos o no. No hay récord que tenga más valor que el orgullo. Ellos suben al ring a lo que se supone deberían subir todos los boxeadores, a tirar golpes.

El argentino Fernando Martínez se coronó campeón del mundo FIB tras superar a Jerwin Ancajas en una pelea explosiva y llena de emociones. (Photo by Steve Marcus/Getty Images)

Los puristas podrán decir que no tienen técnica y que el pugilismo comprende otras habilidades que exceden el mero hecho de soltar puñetazos. Habría que decirle a los amigos del rigorismo que hay otros boxeadores que ni tiran golpes ni mueven las piernas, que aburren sin compasión, pero que aun así ocupan los sitios de honor en todas las carteleras y se llevan a casa las bolsas más suculentas. Además, uno supondría que nunca han visto pelear al propio Chocolatito, un compendio perfecto de las cualidades que un boxeador completo debe tener.

No es obra de la casualidad que Chocolatito Juan Francisco Estrada cuenten con el récord de la pelea con más golpes lanzados en la historia del boxeo. Fueron un total de 2529 ráfagas las que estos dos gigantes del ring soltaron en su pelea del año pasado, de acuerdo con Compubox. Las estadísticas recogieron la evidencia, pero los síntomas fueron más clarividentes: el nicaragüense y el mexicano dieron una auténtica guerra. Si les hubieran dado 30 rounds, no habrían parado. Gallo Estrada se llevó un millón de dólares por su hazaña. Avni Yildirim, que hizo el ridículo en tres rounds contra Saúl Álvarez, rubricó 2.5 millones.

Desde las épocas de Ricardo Finito López, Humberto Chiquita González y Michael Carbajal, el mundo tenía claro que el espectáculo estaba garantizado en los pesos pequeños. Acá había muchos golpes y poco glamour. Las miradas las acaparaban los pesos pesados, con todo y sus lentos y previsibles movimientos. ¿Le pusieron cámara lenta al upper del titán de 1.98 y 104 kilos? No, no, así es.

En cambio, para apreciar cada golpe en una pelea promedio de pesos pequeños habría que colocar cámara lenta en cada asalto. Ni los narradores más rápidos son capaces de seguir el ritmo de combate. Las veladas de pesos pequeños han compensado todas aquellas peleas decepcionantes que fueron vendidas con adjetivos del tipo “la mejor del siglo”.

La talla física tendría que haber dejado de importar hace mucho. Por ejemplo, los pesos ligeros han gozado de una relevancia global en las últimas décadas de la mano de insignes representantes como Floyd Mayweather, Julio César Chávez y Óscar de la Hoya. A ellos se les ve con naturalidad, pero los pesos pequeños siguen siendo extraños, profetas en su tierra y nada más. No son ostentosos ni suben al ring acompañados de raperos. Les falta carisma y no tienen la venia de la publicidad.

A diferencia de los pesos pequeños, los pesos ligeros gozan de gran relevancia. Entre sus figuras más destacadas en la última época están boxeadores como Floyd Mayweather Jr. (REUTERS/Steve Marcus)

¿Cuál es el argumento real? ¿De verdad los promotores pretenden que su tamaño sea la excusa para restar valor a sus hazañas? Son ciegos, porque no ven sus peleas; o son discriminadores, si sus decisiones tienen que ver con la talla física de los peleadores. Los boxeadores pequeños, como sea, no han requerido de grandes promociones. Sus habilidades son el mejor método de difusión.

La historia los respalda y el futuro es todavía más luminoso. Román González, estandarte de la época, tiene en la mira a Gallo Estrada. Quieren dar luz a una trilogía con todos los ingredientes para instalarse entre las mejores de la historia. No son pequeños gigantes. Son gigantes en toda regla. Nadie puede dudarlo. Los pesos pequeños son la reserva de dignidad más grande que tiene el boxeo.

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