A fondo con Walter Quintero, el médico de los campeones

Se abrazaron entre lágrimas y risas, sensaciones mezcladas que deja una gran victoria. Se abrazaron. Eran, apenas, cinco hombres. Uno de ellos, Fernando Martínez, el Puma, flamante campeón mundial supermosca IBF. Y junto a él, su técnico Rodrigo Calabrese, el match maker Martín Gómez Maidana, más conocido por “Pileta”, el doble campeón mundial Marcos “Chino” Maidana y un hombre clave del grupo: el doctor Walter Quintero, el mismo que había estado curando la herida del nuevo campeón.

Afuera, la noche de Las Vegas era un torrente de luces y agitación. Adentro, mientras continuaba el show, esos hombres festejaban la victoria sobre Jerwin “Pretty” Boy” Ancajas. Vestido de negro, casi como siempre, el doctor Walter Quintero comenzó a cerrar su botiquín y, casi con seguridad, su mente viajó en el tiempo…

Era la última noche antes de la pelea. Caminamos en silencio, unas cuadras. Estaba algo oscuro. Este periodista estaba en el grupo. Había refrescado bastante –era diciembre- y aunque el reducido grupo parecía estar en calma, la procesión iba por dentro, como suele decirse. Fue una comida rápida y ligera, lo suficiente como para que el principal protagonista pudiera ir a dormir tranquilo.

Ese protagonista era Jorge Fernando Castro, también conocido como “El Roña” o “Locomotora”. Entre los asistentes, un hombre callado y observador hablaba solamente lo necesario. Luego regresamos al hotel, con esa sensación de calma que pronostican las tormentas. Fue la noche del 9 de diciembre de 1994. Caminamos en silencio por las calles de Monterrey, al norte de México. Faltaba un dia para que Castro enfrentase, defendiendo su corona de peso mediano WBA, a John David Jackson. Cerca de él estaba el doctor Walter Quintero, médico personal de Castro: iba a ser, aquella su primera pelea de campeonato mundial en el extranjero.

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Quintero no podía saber que, con el correr de los años, iba a ser considerado el médico de los campeones. “Aquel primer viaje fue importante para todos y especialmente para mi. Me acuerdo muy bien de que compré todo un equipo de ropa para estar en la pelea, desde el traje a la corbata. Y todavía hoy no sé cómo no quedé bañado en sangre”, recuerda con una sonrisa. Castro iba perdiendo ampliamente ante Jackson. Sangrando profusamente de las cejas y boca, más una hemorragia nasal, su rostro era una máscara. Cuando terminó el octavo, el árbitro sudafricano Stanley Christoudolou, con la camisa llena de sangre, se acercó al rincón. “Voy a parar esta pelea”, advirtió. “Por favor, deme un round más” rogó Castro. “Es un campeón, dele una chance más”, le pidió Luis Spada, manager y promotor internacional, nacido en Argentina y radicado en Panamá. “Por favor, plis”, gritaba Oscar Ayala, el técnico argentino de Castro. “Yo estaba en primera fila, junto a Don King, quien se reía festejando la casi segura victoria de Jackson. Aunque eso sí: no tuvieron en cuenta que en el ring estaba el Roña”, cuenta el doctor Quintero.

Castro, perdido por perdido, apeló a simular estar groggy. “Yo estaba ahí al lado del ring y vi como retrocedía, para que Jackson abriese la guardia. Y, cuando lo hizo, ¡PUM! Vinieron esas manos. Erró la derecha, giró hacia su izquierda y luego, rotando todo el torso, le pegó con la izquierda cruzada y vino el final, porque aunque se levantó, Jackson estaba quebrado. Luego se fue a la lona dos veces más y todo lo que recuerdo es que salté al ring, como todos los del equipo, para abrazarlo. El mismo dijo después, que fue “La Mano de Dios”, como decía su ídolo Maradona”.

Han pasado 28 años de aquella pelea. Como en otra similar, cuando Víctor Galíndez noqueó a Richie Kates en Johannesburgo (22 de mayo, 1976), Castro también limpió su sangre en la camisa del mismo referí, Christoudolou. Y también él ganó antes del límite, pero con una diferencia, porque el argentino igual hubiera ganado por puntos (el nocaut fue en el 15to y último asalto) mientras que Castro ya prácticamente estaba afuera de la pelea. “Después tuve que trabajar yo –recuerda hoy el doctor Quintero-. Le di cinco puntos en un ojo, seis en el otro y dos en la boca. Estaba desfigurado. Fue declarado El Boxeador de la noche y eso que en la velada también pelearon Julio César Chávez y Tito Trinidad, para dar apenas dos nombres. Yo había estado con él cuando peleó con Reggie Johnson, en Tucumán, pero ese fue mi primer viaje al exterior y todavía me emociono al recordar esa noche”.

Walter Quintero ha trabajado con 15 campeones mundiales en los cinco continentes. Contabiliza 66 combates de campeonato mundial en los que ha intervenido, lo cual supera sin dudas al doctor Roberto Paladino –histórico médico de Oscar Bonavena, Carlos Monzón, Víctor Galíndez y tantos otros de la Era Tito Lectoure- y al doctor Donato Villani, quien estuvo junto a Látigo Coggi y Julio César Vásquez entre tantos boxeadores de Osvaldo Rivero.

Así, los datos son la mejor descripción de su trabajo como médico de boxeadores, con la cantidad de combates mundialistas de cada uno en los que estuvo involucrado. Jorge Castro (9), Marcelo Domínguez (6), Carlos Gabriel Salazar (9), Juan Martín Coggi (2), Jesús Cuellar (3), Marcos “Chino” Maidana (11), Sultan Ibragimov (3), Brian Castaño (3), Jorge Rodrigo Barrios (6), Érica Farías (4), Sabrina Pérez (4), Omar Narváez (1), Raúl Balbi (1), Luis Lazarte (1) y Remigio Molina (2 intentos como retador) y desde el sábado 26 de febrero, Fernando Martínez, el Puma. “Llevo además 26 años con el plantel de Almirante Brown, estoy trabajando con nadadores de primer nivel de competencia como la campeona panamericana Selene Alborzen o Juan Ignacio Méndez y también soy médico de la Asociación Argentina de Árbitros de fútbol, así que, como se notará, tengo que ordenar muy bien mi agenda, ya que además atiendo mi consultorio, en San Martín”.

Fue justamente en San Martín donde nació el 27 de mayo de 1958. Casado, con dos hijos: Alejandro Nicolás, que además de haber sido boxeador amateur hoy es médico y colabora con su padre sobre todo en el fútbol, y Estefanía Carolina. El doctor no solamente es primer dan de Taekwondo, sino que además integró la Selección Argentina de Gimnasia en los Juegos Cruz del Sur y Sudamericanos en 1978.

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Pero también es el médico encargado de estar junto al ring en los festivales de boxeo, organizados por Chino Maidana Promotions, algunas de cuyas veladas han sido emitidas por ESPN KNOCK OUT, incluyendo el gran triunfo de El Puma sobre Ancajas. “Es algo nuevo y distinto. Ser el famoso “médico de turno” que se anuncia en las veladas, implica también trabajar en el control en el pesaje, el día antes de cada pelea, para comprobar el estado de cada boxeador, su licencia y otros detalles – aclara-.

“Y, obviamente, durante los combates, debo inspeccionar o atender a los boxeadores, sobre todo en los casos más comunes, que es el de los cortes, para determinar si está en condiciones de seguir combatiendo o no”. El tema es más importante de lo que podría parecer en una primera ojeada. Muchas veces, el “médico de turno” es un profesional sin experiencia en materia de boxeo, designado por las comisiones locales, en algunas de las cuales no siempre hay gran actividad pugilística. “Ese es todo un tema, porque si no hay un conocimiento profundo de lo que esto, se puede detener un combate porque un boxeador sangra mucho, aunque no sea en una zona de peligro. Los que estamos en el boxeo sabemos muy bien que determinados cortes –por ejemplo, los orbitales- entrañan un gran peligro, mientas que otros son más impresionantes por la sangre, que por su verdadera gravedad. Hace poco me ocurrió en La Pampa y detuve la pelea enseguida justamente por eso”.

Al mismo tiempo, el doctor Quintero es especialista desde hace años en curar heridas. No es algo que pueda hacer cualquier médico, porque detener una hemorragia en menos de un minuto de descanso es algo que tiene que ver también la técnica. “Si, es el otro lado de la cuestión, como cuando atendí a Fabián Maidana (se refiere a TNT, el hermano menor del Chino) en Mar del Plata, la noche que perdió con el venezolano Jaider Parra en Mar del Plata (1ro de noviembre de 2019). Fue un corte muy bravo y, sin embargo, logré sacarlo a flote. Algo parecido me había pasado dos años antes, en 2017, en Medellín, Colombia, y también con Fabián, cuando lo cortó el venezolano Johan Pérez y pude controlar la hemorragia”.

En la pelea de Martínez frente a Ancajas hubo también un corte en una ceja. “Por suerte lo pude atender rápido y logré parar la hemorragia. Después le di dos puntos de sutura y todo quedó bien”, dice.

Una herida curada a tiempo puede ser, también, el atajo para una derrota si no se logra detener la sangre. O el pasaporte al triunfo si se la controla. En el caso de Fernando Martínez, el doctor Quintero logró detener rápidamente la herida y la pelea continuó normalmente. Recuerda que nunca tuvo grandes problemas con Marcos Maidana. “Durante un tiempo sufrió varias cortaduras, casi en todas sus peleas –Amir Khan, Erik Morales, por ejemplo-. Pero en ese momento el que estaba en su esquina como el médico era el doctor Anderson, que en realidad era quiropráctico. Cuando Marcos pasó a ser entrenado por Robert García, asumí como cutman, pero por suerte no tuve que trabajar, porque Maidana nunca más sufrió cortaduras, y eso que fueron once peleas, entre ellas ni más ni menos que la victoria ante Adrien Broner y las dos con Floyd Mayweather”.

Si hubo una pelea sangrienta, fue aquella en la que Jorge Rodrigo Barrios, “La Hiena”, enfrentó a Popó Freitas en Miami la noche del 9 de agosto de 2003 en el Miami Arena, cuando perdió por nocaut técnico en el 12do round. Freitas retuvo sus coronas WBO y WBA de la división superpluma. Bañado en sangre, Barrios estuvo muy cerca de ganar, pero no le alcanzó. “Esa noche no estuve directamente afectado al rincón, solamente fui como su médico personal. Rodrigo terminó muy lastimado, incluyendo el oído, y me pasé toda la noche en el hospital, esperando a que se recuperara. Barrios había prohibido antes de la pelea que le tiraran la toalla. Fue una pelea en la que estaba casi ganando por puntos, porque hasta lo tiró a Freitas, pero luego vino una mano tremenda de Popó, y Barrios no logró recuperarse. Creo que no merecía perder así, por nocaut. Demostró esa noche que era un corajudo de verdad”.

También estuvo junto a Juan Martín Látigo Coggi cuando este sufrió un tremendo cabezazo ante Frankie Randall el 3 de enero de 1996. Randall habia sufrido una caída en el tercer asalto y luego, en el quinto, vino el cabezazo y la posterior internación: “Látigo” terminó en el hospital. “Lo acompañé toda la noche, como corresponde; recuerdo que le saqué una foto con el collar ortopédico que termino siendo tapa de un diario y fue estando en el hospital, que nos enteramos que la pelea fue decretada a favor de Coggi, por decisión técnica y de esa manera, Juan recuperó el campeonato mundial welter junior WBA”.

Trabajó con los promotores más importantes de Argentina, como Osvaldo Rivero, Mario Arano, Sebastián Contursi y Sampson Lewkowicz, quien lo conectó con los hermanos Sultan y Timur Ibragimov, a quienes también atendió. “Empecé a trabajar con Sultan dos peleas antes de que se consagrara campeón mundial y luego cuando se consagró con Shannon Briggs, cuando le ganó a Evander Holyfield en Moscú (2007) y luego vino su derrota con Wladimir Klitshko en el Madison de Nueva York. No hace falta aclarar que fue una gran experiencia para mí en todo sentido”, afirma este hombre que habla perfectamente el alemán y con gran solvencia el inglés.

Hoy es hoy. Y el hoy le pertenece a Fernando Martínez. “El doctor es el mejor del boxeo en el mundo”, afirma El Chino Maidana. Y el doctor, como siempre, con su bajo perfil, dice que “Esto de ser el médico de los campeones es importante, pero no se olviden nunca que es el boxeador el que se la juega en el ring, el que se arriesga el todo por el todo. Y el sábado, una vez más, Martínez demostró que la humildad, el coraje y el trabajo, son algunas de las más importantes condiciones. Eso, y su actitud ganadora. Detrás venimos nosotros, los que hacemos y haremos todo lo posible para contenerlo y ayudarlo, por supuesto. Pero los verdaderos protagonistas son ellos. Los boxeadores”.

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