Carlos María Giménez: “Monzón era una gloria mundial”

Por Ricardo Sbrana – lanueva.com

¿Cómo se visibiliza hoy una súper estrella del deporte? Redes sociales. Al alcance de casi todos. A toda hora. En todo lugar. ¿Pero cómo visibilizar la vida de Carlos Monzón hoy? El canal de cable Space apostó a una ficción que en nuestro país le quintuplicó el rating de los lunes a la noche (22).

Célebre por sus títulos mundiales y a la vez tristemente célebre por el femicidio de su esposa Alicia Muñiz, la serie reconstruye para nuevas generaciones la biografía de uno de los ídolos deportivos argentinos, con postales de fondo de un deporte y de una Argentina en blanco y negro.

La misma escenografía que tuvo de fondo Carlos María Giménez, el bahiense campeón argentino y sudamericano de boxeo, con dos rings en los que luchó por el título mundial.

Querido por la comunidad y todavía hoy, con 70 años, recordado por el periodismo nacional especializado, Giménez conversó con “La Nueva.” sobre Monzón, quien el pasado 7 de agosto hubiera cumplido 77 años.

Nuestro Carlos, siete años menor que Monzón, tuvo unos pocos puntos en común con el santafesino. Ambos tuvieron a Tito Lectoure como promotor y participaron como invitados del viaje a Venezuela para dar apoyo al argentino Nicolino Locche, en su desafío revancha ante Antonio “Kid Pambelé” Cervantes.

Giménez conoció a Monzón cuando el púgil bahiense se había instalado en Buenos Aires en la búsqueda de una carrera profesional en el boxeo. En principio le hizo de sparring, pero fue tal el crecimiento y condiciones del bahiense (campeón argentino welter junior 1972), que en poco tiempo hablaban de campeón a campeón.

“Él se entrenaba en Santa Fe, pero cundo venía una buena pelea se venía al Luna Park. La gente se enloquecía. El ya era campeón mundial (1970) cuando lo conocí. Él entrenaba con (Amílcar) Brusa. En una oportunidad, estando yo en el Luna, preguntaron si había alguien de la categoría de él que pudiera hacer algo de guantes. ‘Sí no hay problema’, les dije. Hacíamos dos o tres roundcitos. Yo me le escapaba para acá, para allá”, recordó Giménez.

“Con el tiempo lo conocí un poco más, entrenando en el Luna. A veces parábamos en el mismo hotel, uno que estaba frente al Luna, y salíamos a correr juntos a Palermo. Que era como desde acá al Palihue. ¡Qué fenómeno Carlos! Una persona espectacular. Había que correr al lado de él eh! Medía uno ochenta y pico y daba trancos largos”, agregó.

Giménez dijo que Monzón hablaba lo necesario.

“Hablábamos muy poco cuando estábamos juntos. Tal vez algo de boxeo, de las peleas. Yo lo respetaba muchísimo porque me había dado la posibilidad de hacer footing con él. En Palermo la gente nos paraba para sacarse fotos con él. Era impresionante. Y Brussa nos acompañaba pero iba en el auto”, recordó.

“Monzón era una gloria. Tuvo 17 defensas del título y era una gloria del boxeo del Mundo. ¡No de Argentina, del mundo! Era el más alto del mundo en su categoría. Y de yapa fue campeón. ¿Con qué lo parabas? Creo que cuando murió, se perdió todo. Cuando peleaba él era un furor total. Una semana antes ya no había más entradas”, afirmó.

“Monzón era un tipo callado en ciertas circunstancias. Si le preguntabas, te hablaba. Sino no. Es lo que tengo de él. Con nosotros los boxeadores era una gran persona. Siempre estaba con nosotros o cuando alguno más joven peleaba en el Luna lo iba a ver”, agregó.

La sombra de Pambelé

Giménez participó del selecto grupo que Tito Lectoure llevó a Maracay (Venezuela) para apoyar a Nicolino Locche, en una muy adversa noche del 17 de marzo de 1973. Al margen de la derrota del Intocable, la jornada pasó a la historia porque se la recuerda como el día que casi matan a Carlos Monzón (lo amenazaron con armas). Curiosamente, la caída de Locche fue ante el mismo rival contra quien el púgil bahiense perdió sus dos intentos de corona mundial: 1973 y 1977 (ambas en Venezuela).

“El problema de Nicolino contra Pambelé no fue la edad, sino la altura. El colombiano era grandote… A mí me faltó la intención de llevármelo por delante y no él a mí… Pero ese día me dio un piñazo… Me hizo pedazos. Me había preparado especialmente para él. Creo que me traicionó la confianza. Pero era 1m69 contra 1m78. Cherquis Bialo me tildó de cagón y cobarde”, recordó.

“Después de haber perdido la primera con Pambelé, me tuve que ir a Sudáfrica un tiempo por las críticas que recibí y para hacer algo de dinero. Acá me daban con un garrote. Pero en la segunda tuve la satisfacción de pegarle. No me llevó por delante ni me aplastó”, recordó, sobre el segundo y último intento de luchar por la corona mundial. Que le arrebataron de manera artera al promediar el 5º round, cuando el árbitro estadounidense Martin Denkin decretó nocaut técnico por una herida muy leve del bahiense. Al punto que Tito Lectoure invadió el ring para increpar y cachetear al árbitro dentro del ring (está en Youtube).

“Cuando perdí con Pambelé, para Tito fue la desilusión de su vida. Pero no me dejó. Cuando volvimos a la Argentina me dijo: `Carlos, vení a entrenarte´. Fue como empezar de nuevo. `Hay que trabajar´, me decía. Jamás me voy a olvidar de sus consejos”, dijo.

En junio se cumplieron 40 años de su retiro.

“El espíritu del boxeador no muere. Siento agradecimiento hacia el deporte. No fumé ni me metí en el chupi. Y gracias al boxeo, a mi familia y a Tito Lectoure, soy Carlos María Giménez”.

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