Hovik Keuchkerian: el boxeador que huyó de Beirut para ser Bogotá en ‘La casa de papel’

Has visto y admirado sus interpretaciones metido en la piel del agente Osorio en ‘Antiditurbios’ o de Bogotá en ‘La casa de papel’, dos de las series españolas de más éxito en los últimos tiempos. Pero definir a Hovik Keuchkerian como tan solo un actor es quedarse muy corto. Con imponentes hechuras y a sus 48 años, este rostro cada vez más popular para el gran público nació en Beirut de padre armenio y madre española, pero a los tres años dejó el Líbano junto a su familia debido a la guerra civil en el país.

Criado en la localidad madrileña de Alpedrete, pasó de ser camarero en el negocio familiar a subirse a un ring primero siendo campeón de kickboxing y luego probando suerte con el boxeo. Con los guantes demostró tener una gran pegada y logró ser campeón de España de los pesos pesados en dos ocasiones, retirándose con un balance de quince victorias por KO y una derrota.

Esa única derrota, contra el púgil francés Thierry Guezouli, le enseñó más que sus victorias anteriores. “Rompí a llorar en público, delante de unas doce mil personas. Y no me importó llorar delante de tanta gente, porque me derrumbé“, contaba en la revista ‘Esquire’ recordando aquel momento que le indujo a dejar el boxeo. “Es, probablemente, uno de los hombres que más me ha enseñado en mi vida. Por no decirte que es el que más me ha enseñado, junto con mi padre”.

Artista inquieto, ya había probado suerte en la poesía, pero tras el cuadrilátero llegaron las tablas de los escenarios con el teatro y celebrados monólogos como ‘Cocretas’ o ‘Un mendigo con zapatos de algodón’. En este mundo se había plantado por casualidad tras una vida contando chistes para sus amigos, cuando el mago Jorge Blass le invitó a subir al escenario para hacer una breve actuación. Su salto a la fama, no obstante, llegaría cuando fue incluido en el reparto de la serie ‘Hispania, la leyenda’.

Después vendrían más ficciones televisivas como ‘El Ministerio del Tiempo’, su debut como actor dramático de teatro con el monólogo ‘Un obús en el corazón’ y hasta una nominación al Goya al mejor actor revelación por ‘Alacrán enamorado’. Aunque su consagración fue sin duda en la famosa serie de atracadores que acaba de estrenar su última temporada.

En el rodaje de ‘La casa de papel’ precisamente se vio obligado a usar guardaespaldas por miedo a las represalias tras sus aplaudidas palabras en defensa del pueblo armenio. Siempre abierto a la hora de hablar de sus cicatrices y de sus demonios, confiesa que no es religioso practicante, pero tiene su idea de la divinidad y las cosas muy claras en cuanto a la política.

 

“No es que sea apolítico porque el mundo es política y todos vivimos en él, pero no he votado nunca porque no me creo el discurso de ninguno. Todo lo que dicen está fundamentado en llegar a un punto determinado y ganar mucho dinero de la forma que sea, y eso no es un político”, aseguraba rotundo en la revista ‘Mine’.

 

Más reservado se muestra a la hora de dar detalles sobre su vida sentimental y personal. Apenas daba unas pocas pistas en conversación con la web ‘Interrogantes’ y con motivo del estreno de su película ‘El club de los buenos infieles’. “Nunca he estado casado. Vivo solo y muy a gusto. No conozco los anhelos de los hombres casados, pero supongo que será como todo en la vida que siempre quieres aquello que no tienes y viceversa”, contestaba a tenor de una pregunta sobre la infidelidad en el matrimonio.

Con su apellido impronunciable ha logrado también hacerse un hueco en las letras españolas a base de poesía directa al corazón y pese a que su imagen no encaje con la de un poeta clásico. Desde que publicara ‘Cartas desde el Palmar’ en 2005, ha añadido tres obras más a su trayectoria literaria, la última un libro-disco de sus textos recitados por él y acompañados de música.

 

Mientras sus fans esperan más versos de una faceta suya que tiene un tanto olvidada, desgrana micropoemas con imágenes desde el muro de su cuenta de Instagram, como este: “Sigo cazando gotas lloradas por el cielo. Si algo tan grande como el cielo llora, es que su dolor tiene dueño”.

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