Iba a ser campeón mundial, quedó manco en un accidente y hoy con una mano da clases de boxeo en Ezeiza

Por Micaela Camarasa – Diario Clarín

Oscar Roberto “Rocky” Flores tiene 59 años, tres hijos, y vive en un galpón en Carlos Spegazzini, partido de Ezeiza. En 1983 tenía 21, nueve peleas como boxeador profesional, todas ganadas, siete en el Luna Park. Era el protegido de Tito Lectoure, elogiado por Carlos Monzón y Roberto “Mano de Piedra” Durán, la gran promesa del boxeo argentino.

Se preparaba para su décima pelea. El 24 de septiembre de 1983 volvía de un festival de boxeo en José C. Paz. “Pasé por un cruce peatonal y el ferrocarril San Martín me atropelló. A partir de ahí perdí el conocimiento. Me iba y volvía. Sé que me subieron a una ambulancia y me vendaron la mano”, recuerda.

Al día siguiente, al despertar, vio su brazo manco. Lo primero que pensó fue: “Se fue el campeón, no sé que voy a hacer ahora porque yo solo se boxear. Nací para eso”.

Con Roberto Mano de Piedra Durán y Carlos Monzón.

El 20 de noviembre de 2021 volvió al Luna Park después de mucho tiempo, la noche de la pelea de la Tigresa Acuña contra Debora Dionicius. “Fue como volver a casa. Me hicieron sentir que estaba vivo de vuelta”, confiesa.

“Siempre me preocupé mucho por los espectadores, porque quería que se fueran contentos y eso lo lograba en cada combate. Todas mis peleas fueron lindas. Peleaba todos los meses, era uno de los pocos que lo hacía”, explica.

El 20 de agosto de 1983, en su “casa”, el Luna, le ganó por puntos a Armando Romero. Fue su última pelea.

“Me tomó varios años aceptar la situación y de hecho me alejé del boxeo durante mucho tiempo hasta que decidí volver para enseñarle al mundo todo lo que yo, desde la experiencia, aprendí como boxeador y como persona”, expresa.

Así empezó a dar clases de boxeo en el galpón de Roy Alegre, hijo del boxeador retirado Omar Alegre, en el partido de Ezeiza. Rocky vive allí y da clases de una hora por $200. “Con la mano perdí mi sueño de ser campeón del mundo, pero yo siento que tuve otra oportunidad y hoy soy campeón de la vida. Amo enseñar”, afirma.

Rocky Flores nació el 3 de diciembre de 1962 en Mendoza. A los 3 años perdió a su mamá y hasta los 6 vivió en un orfanato, donde luego fue retirado por su padre para irse a vivir al barrio Flores, en la capital de Mendoza.

“Mi infancia fue muy humilde. Viví todos los traspiés que puede vivir un chico cuyo papá trabaja todo el día, y que básicamente se crió en la calle. Sufrí muchas situaciones de acoso donde no me quedaba otra que defenderme. No le tenía miedo a nada”, explica.

Luego de unos años y varios trabajos como lustrador, vendedor ambulante y cadete, comenzó a trabajar en un puesto de diarios, lugar donde nació su pasión por el boxeo.

40 años después sigue siendo boxeador.

Una mañana en la que dos chicos quisieron robarle en su puesto de diarios, él logró impedirlo. Dicha situación fue presenciada por un cliente, Miguel Angel Tello, quien al verlo, se asombró y le dijo: “Hacete boxeador, maricón, y deja de llorar”.

La idea quedó resonando en su cabeza. Al día siguiente Tello fue a comprarle el diario, como todas las mañanas. “Hoy llevo dos porque quiero que te hagas boxeador”, insistió. A los pocos días fue él quien buscó a Miguel para contarle que finalmente lo había decidido.

“Cuando le dije abrió los ojos y enloqueció. Miro el reloj y me dijo. Vendete un par de diarios más y vamos a comprar toda la ropa para entrenar. Nunca me sentí tan feliz. Allí comenzaba mi carrera”, expresa.

A los 12 años comenzó a pelear y tuvo su primer enfrentamiento en Godoy Cruz. De 187 peleas como aficionado que tuvo, solo perdió 6. Y obtuvo premios como el Campeonato de Las Estrellas o El Guante de Oro.

“Todo logrado con la ayuda del gran Juan Carlos Tito Lectoure. El vio algo en mi y me a apadrinó, me abrió las puertas del Luna Park y me hizo sentir como en casa. De hecho cuando perdí mi mano, él con lagrimas en los ojos me dijo: “A vos y a tu familia nunca te va a faltar nada”, y así fue, fui su niño mimado”, comenta.

Dice que Lectoure fue el único que nunca se alejó luego de la perdida de su su mano derecha, y de hecho fue quien llenó todos esos espacios vacíos que habrían dejado aquellos que frente al accidente se alejaron de la vida de Rocky.

Rocky Flores junto a Juan Carlos Lectoure, el dueño del Luna Park y su padrino.

De sus discípulos menciona a Víctor Emilio Ramírez, el “Tyson del Abasto” nacido en Ezeiza y vecino de Wilde, que fue campeón mundial crucero OMB y FIB.

Hoy en día son muchos los jóvenes que quieren llegar a las grandes ligas y según afirma, esta muy agradecido de la confianza que ellos ponen en él, al igual que Ortopedia Alemana, empresa que brinda los materiales necesarios para aquellas personas que necesitan una prótesis.

“Uno de mis grandes sueños es que se termine la violencia y diferencia de género, es por eso que aliento a las mujeres a que se animen a venir a tomar clases y aprender técnicas de defensa personal”, señala.

Más allá de ser profesor, cuenta que nunca deja de entrenar, correr, hacer ejercicios de fuerza y cardio, comer bien y llevar una vida sana que le permita rendir y  demás sentirse bien, anímica y físicamente.

Lo dice con claridad y simpleza: “Yo logro todo lo que me propongo porque me amo. Amo lo que hago y amo la vida. Soy un agradecido”.

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