El triunfo demoledor de Beterbiev para posicionarse como la gran atracción del boxeo mundial

Artur Beterbiev piso la Meca del boxeo y no defraudó. El peleador nacido en Daguestán llegaba al Madison Square Garden, en el corazón de Manhattan, con un background como para prestar atención: una historia de vida muy dura, una interesante trayectoria amateur (con varias medallas en campeonatos mundiales) y un tardío paso al profesionalismo que lo ve a los 37 años como un campeón de no tantas peleas pero un logro atípico: ganó todos sus combates por knock-out.

Este ruso afincado en Montreal desde sus inicios como boxeador pago consiguió bajo las luces del legendario escenario neoyorquino la victoria número 18 de su carrera en menos de 6 minutos, con un demoledor paso sobre el ring. Venció al estadounidense Joe Smith Jr., a quien arrasó completamente, y le quitó el cinturón de campeón de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) para sumarlo a su cosecha de títulos (posee los de la Federación Internacional y el Consejo Mundial). Ahora, solo le quedaría el de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), que está en poder de su compatriota Dmitry Bivol, el flaco que le diera hace poco una lección de pugilismo al mexicano Saúl Canelo Álvarez. De hecho, luego de la pelea, Beterbiev dijo que prefería la unificación total: “Es más motivador una unificación, quiero ser el campeón indiscutido”, afirmó, pese a que en el ring side se encontraba quien debería ser aspirante a enfrentarlo, el inglés Anthony Yarde. Está claro: hoy por hoy, un choque Beterbiev-Bivol sería de lo más atractivo que puede ofrecer el boxeo mundial.

Smith Jr., oriundo de Long Island, era un campeón respetable, que entre sus credenciales se ufanaba de haber marcado el retiro del gran Bernard Hopkins, a quien superó en 2016. Sin embargo, en la noche del Madison, su enjundia apenas duró poco más de un minuto. Beterbiev lo estudió un rato desde afuera, bailoteó y probó el jab de su rival. Y cuando entendió que podía dominarlo, empezó sacar su repertorio. Beterbiev pega durísimo. Dos veces hizo que Smith apoyara la rodilla en la lona, producto de golpes que lo dejaron como parado sobre un suelo de gelatina. A la tercera que empezó a tambalear, el árbitro, Harvey Dock, dijo basta. No tenía sentido el martirio para el estadounidense, estupefacto por el poderío y -sobre todo- la certeza del daguestano.

A los 2:19 del segundo asalto, Beterbiev se arrodilló y puso su cara contra la lona, acaso agradeciendo y honrando lo que le dicta su fe musulmana. No hubo más que un ligero rictus de satisfacción en el ruso, poco afecto a mostrar efusividades.

KO de antología en el semifondo

Antes del combate principal, se pudo ver la definición más explosiva de la noche del Madison Square Garden. Fue durante un choque del peso pluma, entre el puertorriqueño Abraham Nova -que llegaba invicto con un impresionante récord de 21-0 (15KO)- y el cubano Robeisy Ramírez, con un registro de 10-1 (6KO).

A los 2:20 del quinto asalto, un recto de izquierda del cubano paralizó a los espectadores al mandar a su rival a la lona. Nova quedó literalmente durmiendo con la cabeza fuera del ensogado. El árbitro decretó el final inmediato del combate.

La de Robeisy Ramírez es una de las tantas historias de boxeadores cubanos en los últimos 40 años. Con un notable pasado como amateur representando a su país, este zurdo nacido en Cienfuegos en 1993 representó a la isla en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y de Río de Janeiro 2016 con un logro impresionante: en ambos consiguió la medalla dorada.

Y como muchos de sus compatriotas, para lograr el sueño de ser peleador profesional debió salir de Cuba. Radicado en Las Vegas, comenzó otro capítulo de su vida deportiva con el respaldo de su enorme experiencia amateur. En la noche del Madison se cargó a un rival de mayor trayectoria profesional y que se encaminaba a un combate por título mundial. “Para todo boxeador profesional el sueño es que te recuerden, sé que hoy mucho público me recuerda como un gran guerrero que ganó dos medallas olímpicas y quiero que en el profesional me recuerden porque me hice campeón, unifiqué e hice grandes peleas, como un gran guerrero que salió de Cuba, vino a Estados Unidos y demostró sus cualidades”, afirma Robeisy Ramírez, que va con todo por su sueño de campeón mundial.

Por Diego Mazzei – La Nación

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